Ése es el título del artículo que publica hoy Juan García Luján en Canariasahora.com, sobre el ahora llamado caso Aitana.
A un hombre inocente se le ha linchado social y mediáticamente, sin esperar a sentencias o procesos judiciales, ni siquiera a una triste autopsia que aclarase de manera definitiva qué fue lo que le causó la muerte a esa niña de tres añitos. Hemos visto su foto en los periódicos y le hemos llamado violador, maltratador, pederasta y asesino sin más fundamento que un informe médico filtrado de cualquier manera.
Les extracto lo mejor de este artículo, aunque les recomiendo que lo lean completo:
Ni paliza, ni violación, ni maltrato. El primer error fue de un médico del centro de Salud de Arona. Realizó un informe donde hablaba de desgarramiento vaginal y anal. Hablaba de quemaduras. El médico le vio de todo a la niña de tres años, todo lo externo, redactó un informe rotundo. El médico le vio de todo la chiquilla, todo menos lo que le tenía que ver, una hemorragia que iba a matar a Aitana.(…)
No hablemos de prisas, ni de fuentes policiales. Ha habido otros hechos horribles y no hemos criminalizado a los responsables. En Tenerife hubo un “farruquito chicharrero”. Ocurrió el 28 de octubre de 2006 Un matrimonio de 67 y 62 años iba a cruzar por un paso de peatones con su hija discapacitada que iba en silla de ruedas. Un joven de 21 años se saltó un semáforo en rojo y los arrolló, y siguió su camino. Parece que estaba picándose con otro coche en el que iba otro muchacho de apellido ilustre. Un médico atendió a las víctimas. Vino la policía local, la policía nacional.
Pero… silencio. No se graba. No se cuenta. No se sabe. El autor del triple atropello mortal era hijo de un exsenador tinerfeño, nieto de un expresidente del cabildo. Otro joven que según declararon algunos testigos, también iba a una velocidad temeraria no se presentó en los juzgados hasta que pasaron 12 días del accidente. No hubo cámaras cuando pasaron a disposición judicial. Sí hubo mensajes a la prensa y a la Delegación del gobierno para que se cuidara la imagen del principal implicado. Los abogados de la defensa de los jóvenes esgrimieron argumentos increíbles: los que hacían la carrera en realidad eran los viejos con su hija en silla de ruedas. Se saltaron el semáforo. El alcohol del conductor imputado no era tanto.
En fin, ya sabemos, la historia la escriben los vencedores y los muertos al hoyo y los vivos, si tienen apellido ilustre, se libran de bollo. De todas formas, que quede claro, me parece muy bien que no se publicaran las fotos de los jóvenes del atropello en Santa Cruz de Tenerife, lo que pretendo decir es que deberíamos respetar la imagen siempre, no cuando los directores de los medios reciben la llamada de un familiar de la alta política o del mundo del empresariado.
En la misma isla en la que se protegió la imagen de aquel joven que provocó un triple atropello mortal con un mini (imaginen la velocidad a la que iba). Bueno, no se protegió su imagen, más bien se escondió. En la misma isla había cámaras de sobra para fotografiar a otro joven que, según todos los indicios, tuvo la mala suerte de que un médico hiciera un informe demoledor. Nadie creyó a Diego. Bueno, en realidad todos los que lo conocen le creyeron, su familia se trasladó desde Madrid para apoyarlo, y su novia, la madre de Aitana, lo respaldó desde el primer momento. El juez considera que Aitana no murió por la brutal paliza de un homicida. Se basa en un segundo informe médico y en las conclusiones de la autopsia. La muerte de la chiquilla fue por la caída de un columpio. Diego se limitó a llevarla a Urgencias el mismo día. En el centro de salud le dijeron que ya se le pasarían los moratones. Pero unos días después cuando volvió a llevar a la niña al centro de salud, el informe del médico y las portadas de los periódicos provocaron el homicidio de la imagen de Diego.
El artículo llama a que nos sentemos a pensar cinco minutos, quizás necesitemos diez, sobre la avidez con que nos lanzamos a consumir sucesos y sobre la rapidez con la que nos suelen servir esos platos infectos, sin verificar la calidad de los ingredientes, aunque eso suponga machacar y destrozar la vida de personas que no tienen la suerte de ser hijísimos o nietísimos.
Muy bien traída la referencia al triple atropello, porque en los rincones de la Pijolandia nivariense es como si nunca hubiera pasado nada.


Hipócrita artículo de García Luján (dentro de la corriente hipócrita de todos los medios), y además intenta desviar la atención sobre el tema principal: condenar públicamente a alguien debido a las patadas que se le da diariamente a la buena práctica periodística.
García Luján, pertenece a un medio bastante dado a la noticia fácil, al copia-pega de las agencias, al chascarrillo si se va en contra de un partido poco afín al digital, al bulo sin muchos argumentos. Dice que pedir perdón no es suficiente, y el directamente no lo pide, ni el medio donde escribe tampoco. En casi todos ellos, ese gran titular que antes ocupaba la cabecera con gran tipografía y donde aparecían las palabras “violación” “martirio”, etc., ahora está como tapado, como escondido, y por supuesto el tamaño de letra ha decrecido bastante.
Por cierto, en algunos medios digitales hoy se hace bastante difícil buscar los titulares amarillistas que han publicado sobre el tema la semana pasada.