Diversos medios se hacían eco ayer de la reforma que pretende hacer el gobierno en la enseñanza secundaria.
La idea “estrella” es la de aplicar ciertas normas habituales en la enseñanza universitaria, como la de que los alumnos que aprueben el 50% de las asignaturas de un curso puedan matricularse de asignaturas sueltas del curso siguiente.
Primero: ¿en qué puto instituto van a encontrar estos listos un alumno que apruebe el 50% de las asignaturas de un curso?
Segundo: Muchas asignaturas en la universidad suelen ser “estancas” es decir, no es necesario haber completado obligatoriamente determinadas asignaturas con antelación para poder asimilar el contenido de esa asignatura. Otras veces no ocurre así: Matemáticas I y Matemáticas II, Inglés I e Inglés II, Matemáticas y Ampliación de Matemáticas… Pero en la enseñanza secundaria casi todas las asignaturas de un curso superior son continuación de las del curso anterior.
Tercero: En la universidad la enseñanza no es necesariamente presencial. Tú te matriculas y, dependiendo del profesor, es obligatoria la asistencia a clase o es simplemente suficiente con acudir a los exámenes. En secundaria la asistencia es obligatoria ¿cómo arreglarán la coincidencia de horarios en diferentes asignaturas?
Y esto sin entrar en profundidad.
En fin, ni pies ni cabeza.
Como tantas cosas que se han hecho en Educación. La verdad es que la ministra Cabrera no parece haber heredado la lucidez de su pariente, don Blas.