Vemos este recuadro que sale en portada de El Día (¡qué obsesión!) el martes 30 de septiembre:

Murió la coherencia y nadie me llamó para el responso.
No digo, ojo, que a este hombre no le asista el derecho a pedir amparo al Tribunal Constitucional, porque le asiste, ni me aventuro a decir si el antedicho órgano le dará o no la razón, porque no lo sé.
Pero es de una coherencia deliciosamente irónica ir a pedir amparo a un organismo que es eje del Estado opresor colonialista que tanto y tan continuado te expolia y te somete, te sojuzga y te domina, te exprime y te avasalla, y que además mancilla el honor de tu noble pueblo antepasado. No deja de ser, cuando menos, un simpático detalle ir a pedir amparo a un organismo que, teóricamente, no reconoces.
¿Un argumento más de que la línea editorial reciente de El Día es 50% pose, 50% delirios del abuelo? Quizás, quizás, quizás, pero ahora bien, como sea que sí, el disgustazo que se puede llevar Cubillo no va a ser chico. Ya no está en edad de que le hagan albergar ilusiones para destrozárselas después.
Es como el antiguo dirigente de HB Jon Idigoras, que reconocer no reconocía al estado español ni a sus órganos judiciales, pero bien que sabia reconocer la pensión que le pasaba la Seguridad Social por su invalidez.