Los que me conocen saben que es difícil encontrar alguien que sea más pro-norteamericano que yo. Me encanta la NFL, hablar inglés con acento americano, el Kentucky Fried Chicken, en mi lista de cosas que hacer antes de morir está el asistir en directo a una SuperBowl, daré saltos de alegría cuando por fin Taco Bell llegue a Europa… pero lo que estoy viendo estos días no sólo roza, sino que alcanza y sobrepasa la gilipollez.
¿Por qué cojones ha entrado en nuestras vidas esa tradición foránea de “celebrar” (AKA “hacer el gilipollas”) el día de los difuntos?. Si ya es patética la tradición propia de abarrotar los cementerios como borregos y de pagar las flores a precio de oro ese día, no sé con que adjetivo calificar el acto de integrar por parte de algunos en sus vidas la noche de Halloween (léase “jálogüin). ¡Ah sí! GILIPOLLEZ.
Entiendo que esta tradición de origen ajeno al país de la bandera de las barras y estrellas pero que alcanza en él su máxima difusión, tenga cabida en nuestro país dentro de la comunidad norteamericana que reside entre nosotros, o que tenga un tratamiento similar al de los carnavales en los colegios americanos repartidos por nuestra geografía. Lo que no entiendo es la evolución que este fenómeno (por llamarlo de algún modo) está teniendo año tras año: Fiestas en discotecas a las que hay que asistir vestido de mamarracho, calabazas (de esas de color naranja que no he visto en las estanterías de la sección de frutas y verduras en mi puta vida) decoradas en los supermercados, tiendas de disfraces plagadas de atuendos terroríficos y, lo que es especialmente irritante y de vergüenza ajena, ya empiezan a verse niños que van por su vecindario pidiendo golosinas con la frase “truco o trato”.
Generalmente estoy en contra del fundamentalismo por cuestión de origen, raza, tradición, etc. Me explico: La mejor paella no tiene porqué comerse en Valencia, un japonés puede ser un guitarrista flamenco del nivel de los mejores, etc. Un ejemplo de esto lo protagonizó el equipo de bobsleigh jamaicano en los Juegos Olímpicos de Invierno de Cálgary’88. Hay una excepción en este punto: los “pollabobas” que hacen o creen que hacen hip-hop fuera de USA creyendo que han nacido en el Bronx.
¿Qué será lo próximo? ¿Preparar el pavo por el Día de Acción de Gracias, celebrar el 4 de julio, esconder huevos de Pascua…?
En fin, desde aquí mi más rotundo desprecio a los que participen activa o pasivamente de esta “hallowpollez colectiva”.
Globalización, Charlie, ni más ni menos. Seguro que en Manhattan empiezan a verse escenas de padres de familia un sabado por la tarde diciendo: “Mañana, a dá la vuerta a la ijla, a la socho salimo y quien no esté, arranco.”
Mientras les copiemos el Halloween y no el creacionismo no vamos tan mal :p