
Perplejito me he quedado (con el permiso de Perplejita) al ver el cartel electoral de D. José Macías, ex-presidente del Cabildo de Gran Canaria, y perenne senador por Gran Canaria por el Partido Popular. Un señor que perfectamente podría ser mi abuelo (de hecho, tiene exactamente la misma edad que mi abuela, 83 años) y que de pronto aparenta más la edad de mi padre en los carteles que, desde el pasado jueves, adornan el paisaje de la tercera isla.
Vaya por delante que tengo un enorme respeto por D. José. Es un veterano de la política, un señor de los pies a la cabeza, de exquisita educación y prodigiosa memoria. Cuando me lo encuentro por la calle siempre tiene tiempo de pararse para saludar, y sé de buena tinta que si vas a Madrid, siempre tendrá tiempo para hacerte de cicerone en el edificio del senado. Durante su etapa como presidente del Cabildo de Gran Canaria, se decía que había adquirido el don de la ubicuidad, porque era aparentemente capaz de estar en dos saraos/eventos/inauguraciones/ferias a la vez. Una pena (para mi, claro) que sea del Partido Popular.

Pero es que la putada que le han hecho con el cartel electoral es casi tan bestia como la que en su día le hicieron a Manuel Fraga. Sigo preguntándome en que carajo piensan en los partidos políticos para encargar un cartel en el que parece que a los candidatos les han pasado la plancha por la cara, o le han quitado 20 años de encima al tiempo que le han proporcionado pasaporte de algún país nórdico (caso de Ani Oramas). Como si no los fuéramos a ver por la televisión, o en la calle. Además, la arruga no tiene por qué esconderse en política. A más arrugas, más experiencia en la política parecería transmitir. Pero si nos fiamos de este cartel, cualquiera diría que D. José se fuma las sesiones del senado para irse a inyectar botox a una clínica de la calle Jorge Juan, esquina Velázquez.


Parece recién salido del estanque de Cocoon.