Hoy cuando iba a comprar un par de cosas que me despité ayer por adquirir algo de jamon, queso y una garrafa de agua, asi que fui como es costumbre a la venta de doña Carmita. Dicha venta está por encima de la calle del barrio donde yo vivo, con lo cual siempre está a mano y lo mismo te vende el pan, que un refresco, tabaco, golosinas a montones, huevos frescos, galletas gomeras (las recomiendo), mantequilla,... Sin embargo al entrar hoy noté algo extraño, tenía menos mercancía expuesta de lo habitual y de lo poco que se puede atisbar de la parte trasera del almacén dese el mostrador, vi estanterías vacías, lo que nunca. Al contestar una llamada de teléfono que sonó mientras me despachaba el jamón y el queso, comentaba el terrible final: dentro de poco echa el cierre de manera definitiva.
Carmita es una mujer bajita, bastante mayor, cojea de una pierna pero que sin embargo tiene más tenacidad y movilidad que muchos de nosotros. Lleva en el barrio currando antes de yo nacer, casi tres décadas lo menos. Me comenta orgullosa pero melancólica que no se jubila, simplemente que todo tiene un final y que ya va siendo hora que se ocupe de su marido, tambien mayor, fontanero jubilado y con achaques en los últimos tiempos. Su venta es un clásico del barrio y su cierre supone el certificado de que las cosas están cambiando más de lo que nos gustaría. Aficionada al Tenerife como pocos, siempre está con la radio puesta cuando juega y una de sus mayores ilusiones fue cuando hace años cuando el calvo Dertycia jugaba, visitó mi colegio y se le pidió que fuera por allí. Su foto con él preside aun la pared de la venta.
Lo más seguro que al resto del mundo le importe una mierda, pero que ventas como las de Carmita cierren significa perder una parte importante de nuestra identidad. En pocos sitios se pueden encontrar productos de la tierra que carecen de sitio en las estanterías de Alcafoures y Carrecampos, como las galletas gomeras de las que hablaba. Además, la venta tiene detalles y elementos tanto en la decoración como en la relacion cliente-dueño dificiles de igualar, sin contar la importancia que tiene como punto de reunión de gentes que por el trabajo no se ven, pero que al caer la noche coinciden a comprar de vez en cuando y charlan de nuestras cosas, rememorando las épocas de juegos infantiles en el barrio, preguntando por aquel vecino enfermo o contando como les van a los hijos que ya se fueron de alli a vivir sus vidas.
Y la pérdida no es sólo sentimental, sino funcional, porque al fin y al cabo ya no queda esa gente que abnegada y luchadora abre todos los dias del año para satisfacer las necesidades de un barrio, comprender las vacas flacas o los despistes apuntándonos la compra en su libreta de deudas. En el caso de Carmita, solo cerraba cuando acudia a entierros de amigos o familiares. No habrá quien coja esa venta, porque ahora todos queremos una carrera y no atender una simple venta. Y si han habido gentes que han cogido negocios similares, éstos han terminado yéndose a pique por la falta de constancia de los nuevos dueños. Pero eso da igual, si desde hace tiempo es mas chachi comerse los corflecs en el desayuno y abandonar el gofio, no se de qué nos extrañamos…
Sea como fuere, gracias por todo Carmita.


Carmita lloraría al leer este texto, eso seguro :)