Primero de Noviembre. El frenesí religioso se apodera de los canarios, que acuden en masa a los cementerios de las islas a venerar a los muertos que tenemos tras frías lápidas. Las colas que se organizan en los accesos a los camposantos no tienen nada que envidiar a las que mañana se formarán en los centros comerciales una vez cobrado el salario que estiraramos desde el dia 20. Noveleros somos y en la carretera nos vemos. A mi me toca Santa Lastenia, Santa Cruz de Tenerife: un domingo cualquiera tardo 10 min, hoy no baja de 45 el viajito.
Llegado a las inmediaciones del cementerio, toca comprar las flores después de haber pagado al moñas de turno el impuesto revolucionario por haberte ayudado a aparcar en un miserable terraplen que te deja el coche como si vinieras de un rally; el policia local ha observado la escena del cobro impertérrito desordenando el tráfico en la rotonda cercana. Y ahi es cuando llega el sentimiento de estafa que te invade. Te la sopla que este mes el Euribor haya bajado o que el IPC oficial haya despuntado: las dichosas flores, de todos los tamaños y colores, se han puesto al doble que hace un mes y de lo que estarán dentro de otro mes. Oferta y demanda dirán los liberales, mucha cara es lo que creo. Sobre todo ahora, que no sabes si ponerle semidesnatada al depósito, desayunar super 98 o comprar el pan por gramos. Pero entre las ganas de ir al juzgado de guardia y venerar al familiar, vas caminito de la tumba con la cabeza baja, que todavía elquédiránsinopones pesa más que la nómina y el sentido común por estos lares.
Mientras la avalancha humana pretende confeccionar su ramo, camiones y camiones de flores van llegando al cementerio (hasta un trailer dentro de Santa Lastenia), y la algarabía de encuentros casuales, saludos y paseos hacen del cementerio un lugar bullicioso, casi como una especie de mercado. Todos se preguntan a quien tienen aqui, como está la familia y si el niño ya trabaja. Sorprende ver una gran cantidad de gitanos entremezclados entre la gente, una etnia a la que cierto sector elitista del Santa Cruz rancio tiende a menospreciar y que sin embargo, tras todos estos fenomemos migratorios, al final tienen nuestras costumbres y van al mismo sitio que los adinerados. Al fin y al cabo, las tumbas son iguales para todos y que yo sepan, el nicho donde te ponen no lo puedes elegir.
Cumplimentado el ritual, empiezo el viaje regreso pensando si todo esto merece la pena, si no le damos importancia a lo que no la tiene, si una flor natural será más indigna que una artificial en la puerta sellada del que no siente ni padece. Que si al fin y al cabo nadie muere hasta que lo olvidan y que si algo nos queda de este viaje que es la vida, merece la pena ser recordado con un ramo.
Por eso prefiero una foto y una vela en la intimidad, porque es sólo entre ellos y nosotros.
el nicho donde te ponen no lo puedes elegir.
No sé si es así en todos los cementerios, pero tanto mis padres como mis suegros ya han “comprado” su parcela, aunque todavía no la habitan… y si, se puede escoger.