La información se refiere a la campaña de apoyo al comerCIO en el tranvía, esos carteles pegados que recubren los vagones (agradeceré a quien sepa cómo se llaman que me lo diga, porque es cosa que ignoro).
No obstante, al faltar las tres últimas letras en el titular, y considerando que poca gente va más allá de éste, durante un brevísimo lapso de tiempo se me organizó un pequeño cortocircuito mental, intentando encajar este fomento gastronómico con la tajante prohibición de comer a bordo que (en dos idiomas, además) figura en el melchiorano transporte.
Aliviada pues me hallo de ver que no se va a bonificar el tupperware en el tranvía. Bastante tengo con el festival de mp3 móviles, como para añadir una mezcolanza olfativa de sugerentes platos canarios.

Lo que tapa el tranvía son vinilos. Poco tardaron en usar el tranvía como medio publicitario para engordar las arcas de los colegachos con agencias. Menudos sustos te llevas cuando tuerces una esquina y te encuentras una orca gigante bajando por general mola