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Cómo cambia el periodismo (IV)

13/04/2010 20:44

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Inge Ysenbaert (i) y Cristine Cuvelier (d) mostraban a los representantes de los medios cómo Fernando Torres Baena y María José González Peña se habían abrazado y besado mientras los soldados y los polícias excavaban en el jardín de su chalé. las dos mujeres contemplaron la escena desde su casa, situada detrás de la de los dos detenidos.

Ése era el pie de esta foto en la edición de hoy de Canarias7:

De la extensa cobertura que Canarias7 ha tenido a bien dispensar a sus lectores sobre el “caso del kárate” o “caso Torres Baena”, es mejor no hablar. Sobre todo porque, a poquito que se haya seguido, uno se da cuenta de que se comenta solo. Baste decir que el levantamiento del secreto sumarial fue como abrir una espita a través de la cual manó en abundancia el morbo, el gusto por el detalle escabroso, la menudencia truculenta, el testimonio más escalofriante; todo ello, por supuesto, en la edición impresa. Como si el lector necesitara saber (y pagar por saber) hasta los últimos pormenores sobre cómo se corrompe y viola a un crío.

La imagen que ilustra este post me produjo una reacción inmediata. Estas dos señoras, con todo el derecho que les da estar en su propiedad, echaron la mañanita viendo desde sus casas cómo Policía y Ejército rastreaban el chalet donde, presuntamente, se cometió esa ristra interminable de abusos. Otra cosa es que esa afición al cotilleo sea más o menos censurable. Quién sabe, con lo largas que fueron esas horas, quizás les dio tiempo a hacerse un cortadito.

Como testigos privilegiadas del rastreo, los medios se las rifaron. No hay más que ver la cantidad de cámaras y periodistas a los que atienden, profesionales que tienen que volver a su medio con una declaración impactante, con algo que deje a la audiencia boquiabierta y pidiendo más, saciando la necesidad de estremecerse y sentir miedo, asco o repulsión.

Y ellas, de repente protagonistas por haber adquirido un conocimiento directo de los hechos, ofrecen todo lo que tienen, que es más bien poco, y se prestan a reproducir los gestos de afecto entre los dos detenidos (a los que conocemos con nombre, apellidos, fotos y casi hasta historial clínico, dándole bien por saco a esa cursilada que llamamos presunción de inocencia), como si los periodistas allí presentes jamás hubiesen visto a nadie darse un abrazo o un beso.

Me hizo pensar, en lo triste que es la espectacularización de la información, en el modo perverso en que los quince minutos de gloria (actualmente recortados a 20 o 30 segundos) se han adueñado del espacio periodístico. En este feedback ignorante y penoso, en el que los ciudadanos creen que la información es un entretenimiento más del que ocasionalmente pueden formar parte (y como tal lo demandan, y como tal se les ofrece desde los medios), y en el que muchos buenos periodistas, de los de calle, de los que patean y trabajan duro, se ven atrapados, sin poder decirle a sus superiores: “esto es una chorrada, vamos a hablar de lo que importa”.

A consecuencia de todas estas reflexiones me he puesto un poco mohína, cosa que me disgusta aún más porque traiciona mi naturaleza inclinada hacia la tontuna.

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Comentarios [6]

    1. Lagarto dice:

      Pues no sé yo, querida Perplejita, si tienen razón esos periodistas serios que no pueden decirle a sus superiores aquello de “esto es una chorrada, vamos a hablar de lo que importa”. Y no digo que no tengan razón por no ser serios, sino por pensar que lo que importa sea otra cosa que esto que has retratado hoy.

      Y pasa que, en mi opinión, es propio de los medios – como empresas que son – dar a sus clientes el producto que más les demanden. Viven de eso. Si se dedicaran a ofrecer informaciones más respetuosas, más veraces, mejor contrastadas o narradas con mejor gusto y estilo, perderían lectores. Y vete a explicarle al consejo de administración que la pérdida de ingresos es a cambio de mantener la ética profesional…

      Si viviésemos en un estado de pensamiento único, tendría un pase aquello de que la gente está entontecida por una televisión manipulada y censurada. Pero no es el caso. Vivimos en la sociedad de la información. Uno tiene miles de fuentes donde informarse y entretenerse. Y si los medios se dan leña para arrancarle un berrido a estas dos marujas, proporcionándoles de paso su minuto de gloria chusca, es porque ESO es lo que IMPORTA, y no lo que crean los buenos periodistas.

      Aquí, cada uno elige voluntariamente lo que quiere ser, ver o escuchar, porque éste es un país de libertades. Incluida la libertad de ser un analfabeto.

      Saludos.


    1. El Godo Frodo dice:

      Esas dos son lesbis y aprovecharon para darse un “homenaje” en público…“No comment” al resto porque me deprime mucho éste mundo que les dejo a mis hijas; no os pongais serios, porfi…Escuchad “Cambalache” y ya está todo dicho, y luego a vacilar.


    1. Fernando dice:

      ¡¡¡Chapeau Perple!!!
      Lagarto: todos los profesionales, cada cual en su ámbito, tenemos nuestras responsabilidades y nuestra deontología. No creo que en la de periodista quepa el lamentable espectáculo amarillista que se ha dado en este caso. Es sencillamente basura, por mucho que de ella se alimenten los morbosos. Y supongo que será, además, delictivo, el linchamiento público a que han sometido a los detenidos, con nula presunción de inocencia.


    1. Fernando dice:

      Extraido de Wikipedia (gran invento éste):

      “La deontología profesional periodística es un orden normativo que afecta a la actividad periodística. Está formado por un conjunto de normas que, en determinadas circunstancias, se sienten como obligatorias. También desarrollan esta función reguladora, entre otros, el derecho y la moral. Concretamente, podría decirse que es el conjunto de normas específicas de la profesión que regulan la conciencia profesional de un informador. Están basadas en dos principios básicos: la responsabilidad social y la veracidad informativa.”

      Se comenta solo.


    1. Pingalmojo dice:

      Lagarto, estaría de acuerdo con lo que dices si no fuera porque a los medios de comunicación se les llena la boca hablando de profesionalidad, veracidad, objetividad, seriedad y un largo etc.

      El día en que un medio de comunicación utilice como eslogan algo parecido a “nosotros estamos aquí por la pasta y haremos todo lo habido y por haber por conseguirla, sin importarnos la basura que vendamos” entonces dejaré de escandalizarme por todo lo que sale por televisión. Pero hasta ese día, y mientras sigan presumiendo de lo que no son, hay que ser críticos con su labor.


    1. Lagarto dice:

      Amigos Fernando y Pingalmojo: en realidad, lo que quiero decir con mi intervención es que ese tipo de prensa existe porque hay un sector importante del público que lo demanda. Si uno se lee en un día cualquiera los índices de audiencia por las distintas televisiones, pues puede constatar que los programas de corte amarillista concentran a la mayoría de los que se sientan delante de la tele. También es significativo que los periódicos hasta ahora “serios” tienen la inquietante tendencia a camuflar como noticia la opinión del redactor y bajo un titular cada vez más tendencioso y secuaz.

      Las posibilidades son dos:

      1ª La población consume esa prensa cada vez más porque están manipulados por los medios de comunicación.

      2ª Los medios de comunicación son cada día más amarillos porque cada vez hay más demanda por parte del público.

      Yo, particularmente, me decanto por la segunda opción. Y es desde esa óptica desde la que puedo entender que un medio de comunicación se decante por ese estilo, porque al fin y al cabo sus ingresos son proporcionales a su audiencia. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Fernando del respeto al código deontológico que debe tener cada profesional, pero (y sin tener mucho conocimiento acerca de la profesión periodística) puedo imaginar fácilmente que ese código se queda en nada cuando el jefe te ordena que el programa tiene que tener ese enfoque, que a su vez alguien se lo ha ordenado a él también. ¿O no?

      Sigo pensando que los medios cubren simplemente una demanda. Si cada vez hay más gente que voluntariamente decide ser maruja, llegará un momento en que la deontología consistirá en darle al lector un titular mascadito, con la síntesis de la noticia en tres o cuatro palabras (a ser posible reflejando los aspectos más chabacanos) y otras tres ocuatro que le conformen su opinión. Así no tiene que pensar mucho. Al fin y al cabo, es lo que el espectador quiere.

      Considero a Don consultor un especialista en estas lides. A ver si nos cuenta su parecer, que seguro sería muy interesante. Como la de Ustedes, faltaría más.

      De nuevo, saludos.




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