Dos historietas.
20:45. Salgo con el coche en dirección a Santa Cruz, tengo que atender unos asuntos personales. Estoy algo quemado de escuchar música en el coche, asi que me predispongo a escuchar Carrusel Deportivo, para que Pepe Domingo y Paco me animen el camino. Sin embargo, mi radio carece de sintonizador AM, por lo que me tengo que tragar Radio Club. El Tete acaba de imponerse en el último minuto al Salamanca en casa, mientras la UD se hunde en el fondo de la tabla tras perder en Vigo. Los presentadores del programa chicharrero, que se les ve contentos y que habrán terminado la habitual ronda de declaraciones tópicas, contactan la señal de sus homólogos canariones, sin especificar si lo saben: hay que rellenar hasta las 21 y joder a los que nos gusta Carrusel. Los canariones (tres) que salen por la SER de allá estan mosqueados: piden la cabeza del entrenador, del presidente, de los jugadores y del empresariado, lanzando también todas las consignas típicas. Cosas que aquí pasaban hace no mucho, por cierto. Sin embargo, aqui se simultanean las conexiones y el presentador chicharrero, partido el culo de la risa, comenta el cabreo
21.30 Desde una ventanilla de mi coche, parado en doble fila, visualizo un bar de vinagres de un barrio cualquiera de Santa Cruz, de esos que escupen información a raudales. El dueño tiene Digital+, emitiendo el Valladolid-Real Madrid, lo que atrae a clientela dentro y fuera del local, que irremediablemente termina consumiendo. De repente, marcan los locales. Entonces un exaltado dentro del bar, jovencito de no más de cuarto de siglo, que viste una camiseta del Tete, empieza a proferir improperios de todo tipo: “hijos de puta”, “jódanse”, “el Tete ganó”, “son unos falsos todos”, “cuando estemos en Primera, serán unos vendidos”. El individuo en cuestión es tranquilizado mientras yo dejo de mirar buscando acomodo más seguro. Se le notaba bajo el efecto de algo que quizá no fuera alcohol.
Y yo me pregunto…¿merece la pena?


Evidentemente no merece la pena, el problema de los forofos del fútbol o de lo que sea, es que se acomodan en la sinrazón, la argumentan y la defienden con consignas estúpidas.
Lo único que les interesa es que el equipo al que se han aficionado gane y que además los “enemigos” pierdan.
No les interesa el fútbol ni ningún deporte, lo único que les motiva es la tabla de clasificación que es la que dice quién está por “encima” de quién.
Y para colmo encuentran una tremenda dignidad al hacerlo, el hecho de seguir a un equipo malo en una categoría gris, es sinónimo de valía como aficionado.