Samuel. Así se llama un joven de 25 años, camillero de ambulancia, a quien la empresa Aeromédica Canaria ha puesto de patitas en la calle por dos razones: una, por sufrir un cáncer (linfoma de Hodgkin); y, dos, por ser hijo de un destacado y revoltoso sindicalista. Entre quimio y quimio Samuel recibió la carta de despido. Así se las gastan estos empresarios que, por cierto, viven gracias a generosos contratos con la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, que ni siquiera ha censurado el detestable comportamiento.
Así comienza el artículo Cruel despido en el blog Juegos de la Vida de la periodista Marisol Ayala. Supongo que la empresa tendrá otra versión del tema, pero a falta de saberla, se me ponen los pelos de punta y no se me ocurre apostillar el texto de la veterana periodista.


Este caso ya apareció en el Telecanarias de TVE, hace uno o dos meses. Desde luego, el asunto tiene un aspecto muy feo, y a mí también se me ponen de punta los pocos pelos que me quedan.