Parecen esperanzados y expectantes. Apretujados, incómodos, entre bidones oxidados de papas, agua y combustible, se nota que acaban de ingresar en alta mar. Van con ropas humildes, sin papeles, sin el menor permiso, a la desesperada, conscientes de que se juegan la vida. No les quedó otro remedio si querían zafarse de la miseria, el abandono y la falta de libertad. O se iban o morían. No son subsaharianos que acaban de partir a Canarias en un cayuco. Son los 171 canarios ilegales que huyeron en 1950 a Venezuela en la odisea de la emigración más emblemática de la historia de las Islas.
Asi se narra la odisea del Telémaco, que además de ser nombre del hijo de Odiseo y Penélope, también lo era de unos de esos barcos cargados de esperanza que partían desde cualquier parte de la costa canaria de forma furtiva, buscando la libertad en tierras venezolanas. Cuenta La Opinión que casualmente se han encontrado nuevos documentos gráficos del viaje de este barco, lo cual ha dado pie a la publicación de un nuevo libro sobre la emigración en Canarias, sobre la dureza de los viajes, los motivos, las ilusiones y las dificultades que entrañaba emigrar en los años inmediatos de la posguerra civil española, sobre todo por fuerte represión de los perdedores de la guerra (demócratas liberales, nacionalistas periféricos, socialistas, comunistas, anarquistas, etc…)
Quizá conociendo el pasado, podamos comprender mejor el presente.
Seguro que ésta gente que cruzó el charco a Venezuela,estaría pensando en la doble autonomía.Anda ya,enga ya!!!!!Quienes éramos y en lo que nos hemos convertido.Cómo se nota que no tenemos problemas y que los problemas los tienen los que ahora,hoy por hoy,vienen en patera o cayucos a Canarias.Miremos el pasado y el presente y no ignoremos la realidad