Cuando eramos pobres

Parecen esperanzados y expectantes. Apretujados, incómodos, entre bidones oxidados de papas, agua y combustible, se nota que acaban de ingresar en alta mar. Van con ropas humildes, sin papeles, sin el menor permiso, a la desesperada, conscientes de que se juegan la vida. No les quedó otro remedio si querían zafarse de la miseria, el abandono y la falta de libertad. O se iban o morían. No son subsaharianos que acaban de partir a Canarias en un cayuco. Son los 171 canarios ilegales que huyeron en 1950 a Venezuela en la odisea de la emigración más emblemática de la historia de las Islas.

Asi se narra la odisea del Telémaco, que además de ser nombre del hijo de Odiseo y Penélope, también lo era de unos de esos barcos cargados de esperanza que partían desde cualquier parte de la costa canaria de forma furtiva, buscando la libertad en tierras venezolanas. Cuenta La Opinión que casualmente se han encontrado nuevos documentos gráficos del viaje de este barco, lo cual ha dado pie a la publicación de un nuevo libro sobre la emigración en Canarias, sobre la dureza de los viajes, los motivos, las ilusiones y las dificultades que entrañaba emigrar en los años inmediatos de la posguerra civil española, sobre todo por fuerte represión de los perdedores de la guerra (demócratas liberales, nacionalistas periféricos, socialistas, comunistas, anarquistas, etc…)

Quizá conociendo el pasado, podamos comprender mejor el presente.



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Comentarios

    1. Víctor dice:

      Seguro que ésta gente que cruzó el charco a Venezuela,estaría pensando en la doble autonomía.Anda ya,enga ya!!!!!Quienes éramos y en lo que nos hemos convertido.Cómo se nota que no tenemos problemas y que los problemas los tienen los que ahora,hoy por hoy,vienen en patera o cayucos a Canarias.Miremos el pasado y el presente y no ignoremos la realidad


    1. Bombus dice:

      Con respecto a un debate que tuvimos hace tiempo, enlace que empezó con el tema de la inmigración y terminó con “de todo”, aprovecho esto para contarles lo que me ha pasado hoy (a riesgo de parecer una pesada):
      Después de 4 semanas de espera ha venido, por fin, el técnico de mi lavadora, pero con el repuesto… equivocado. Pues en vista de que había habido un error con la pieza, el tío pretende que simplemente tire mi lavadora y me compre otra, porque como la máquina ya está vieja, y es tan mala, (según él, que no ha parado de repetirme que no sabe como me ha durado tanto. Parece que le da hasta rabia que me haya durado 8 años sin una avería) él me recomienda una nueva y de “marca” (la mía en su día era la más barata de la tienda).

      Pues nada, como ha durado “demasiado”, pues que me compre otra y ya está: (300 euros), en vez de encargar una pieza que cuesta sólo 40.

      Se supone que este muchacho debe tener un nivel adquisitivo mucho menor que el mío, ya que yo tengo un puesto de trabajo más cualificado, y aún así el tío se compra todo lo mejorcito del mercado y antes que arreglarlo lo tira. Así, estará endeudado hasta las cejas… y después nos quejamos: ¡qué pobres somos!, ¡qué mal vivimos!... En fin.




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