Como aún soy pequeña no sé quién toma las decisiones en el mundo, pero el que decidió que para fumar había que salir a la calle… se lució de lo lindo. Desde entonces las aceras son el lugar más popular de nuestro país. Las aceras echan humo, literalmente. Y es que cuando voy de paseo con mamá, hay aceras por las que me da mucho asco ir, porque hay mucha gente fumando en ellas. Hay tanto gente que camina fumando, como personas que están en la puerta de comercios, centros educativos, etc. “echando un cigarrito”. Siempre me fijo sobre todo en los trabajadores de cierto hipermercado, que a todas horas están como mínimo dos en la puerta. Cuando los vemos, mi mamá dice: “¡Ño, qué humo!. Y es que a veces la puerta de algunos establecimientos parece que es la de Lluvia de Estrellas.
Si en una misma calle coinciden comercios en que sus trabajadores lleven uniforme es muy divertido, pues parecen equipos esperando para alguna competición. Creo que podrían crearse nuevos puestos de trabajo gracias a la nueva realidad de las aceras: animadores, etc., y además, para qué montar un local, si con poner una barra en la acera te forrarías… Eso sí, encima, como se fuman el cigarro deprisa y corriendo, pues lo tiran a la acera o a la calle, y cada vez se ven más colillas.
Yo, encima, sufro el humo por partida doble, ya que cuando voy en el carrito, estoy a la altura de los tubos de escape de los coches, y me toca el humo de las aceras y el de la calle. Y eso que mamá procura siempre llevarme por aceras poco transitadas, para que pueda respirar algo mejor. A veces llego a casa con la ropita oliendo a humo.
Encima, la gente, como se reúnen en las aceras, no me dejan pasar con el carrito, y hasta ponen mala cara. Hay señoras que han hecho que mamá tenga que bajar el carrito de la acera para poder pasar. Y es que los señores son más respetuosos que las señoras, al menos es lo que me parece desde el carrito. El otro día, una señora me echó todo el humo en la cara, y cuando mamá hizo el carrito para atrás, la señora no sólo no apartó el cigarro sino que puso una cara muy fea… y eso que yo le sonreí.
Hay más cosas por las que no me gustan las aceras de la ciudad, pero te las contaré otro día. Ojalá la gente deje de fumar, o al menos, me respete como bebé que quiere que sus pulmones duren limpios mucho tiempo.
Pobre Inés, no te queda nada por ver aún….
Los fumadores son gente muy poco considerada que no se dan cuenta de que, con cada calada, se están matando. Se creen que tienen todo el derecho a hacer eso en plena calle pero no se han dado cuenta de que nosotros tenemos derecho a no ensuciarnos los pulmones con su humo asqueroso. Están enganchados a ese tubito que suelta humo!
Te has lucido con este primer post, enana. Esperemos que no te toque ser asmática en el futuro (como yo) y que algún día puedas pegarle un grito a esas señoras que no te dejan pasear tranquila en tu carrito.