Ya tengo cinco meses y medio, y desde la madurez que eso conlleva cada vez me doy más cuenta de muchas cosas. Una de las que más curiosidad me causa es la gente, y es que me he dado cuenta de que las personas somos de colores… y es muy divertido. Yo soy blanquita (igual que mi mamá y mi abuelo paterno). Mi papá y algunos más de mi familia son más marrones. Mamá dice que los colores son razas y que aunque tengamos distintos tonos, todos los miembros de mi familia son de una misma raza: la blanca. Estos días veo mucha gente blanquita como yo en la playa, tomando el sol. Mamá me pone un montón de potingues para que el sol no me queme, pero la gente que está en la playa quiere ponerse morena. Algunos lo consiguen, pero los hay que se ponen muy rojos, muy rojos; mamá los llama guiris. A lo mejor es que quieren quedarse como las personas que trabajan cerca de casa: son de color negro, pero muy negro. Por lo visto es otra raza y vienen de no muy lejos. Me gustan, son muy simpáticos, siempre ayudan a mamá a subir mi carrito por las escaleras (los blancos nunca la han ayudado, sólo los vecinos). Además, en el paso de peatones que hay cerca de casa, casi siempre los que paran son de ese color (¡qué curioso!). Me caen muy bien. Yo ahora me dedico a tocar la cara de las personas, me gusta hacerlo, y su cara me encanta. Debe ser muy divertido ser de color negro. Seguro que le gustan a todo el mundo y que a todos les caen bien, igual que a mi. Sus bebés también son de ese color (por lo visto, ya se nace tan oscuro), me he cruzado con unos cuantos, y son muy graciosos.
Pero hay más. También hay gente marrón oscuro. Debajo de casa viven personas marrones. Es como si hubieran estado toda su vida al sol. Hablan muy alto y muy raro, parece que cantan, es bonito. Dice mami que vienen de un sitio donde hay mucha arena, más incluso que en la playa: se llama Sahara. Siempre me sonríen y son muy amables con papá y mamá. Tienen un niña un poco mayor que yo, que es muy guapa y muy tímida. No hablamos igual (bueno, yo todavía hablo poco) pero nos entendemos bien sólo con la sonrisa. Y me gusta como visten, jejeje, es muy divertido, es como coger una sábana de colores y enrollártela por el cuerpo a ver cómo queda.
También he conocido a más gente marrón, pero de son de otra forma. Algunos llevan un punto entre los ojos y sus caras son distintas. Vienen de mucho más lejos, de la India y también tienen ropa muy divertida de colores muy vivos con cosas que brillan. Lo que más me gusta de ellos es su pelo, muy, muy negro y precioso.
Luego están los de los ojos pequeñitos, porque casi no se les ven. Los he visto en tiendas y en un restaurante que le gusta mucho a mis papás. Son más pequeños que papá y mamá, y sus ojos son alargados. Como sonríen mucho quizá se les quedaron así para siempre. Yo no sé dónde está Oriente, pero son de allí y por lo visto, aunque también tiene la piel clara, son una raza distinta a la mía.
Yo no distingo bien algunas razas, pues por lo visto hay muchas y mucha diversidad dentro de las mismas. Los que me gustan también son los que hablan igual que yo, pero son bajitos y muy morenos. A mamá le he oído decir que tienen “rasgos indígenas” pero no sé lo que es eso. Hay muchos por aquí. Vienen del otro lado del Atlántico (no sé dónde está eso) y hablan muy lindo y muy suave.
En fin, que son muchos y yo muy pequeñita todavía para diferenciarlos bien, pero es maravilloso que haya tanta gente y tan distinta. Estoy aprendiendo muchas cosas de todos ellos e imagino que a nadie le molesta y que todo el mundo hace lo mismo, ¿verdad?
PD: Ya como puré y papilla de fruta. ¡mmmmmm, qué rico!
Inés, justamente hoy un artículo como el tuyo me reconforta el alma. Besos.