Esperando aún resolver el misterio de por qué a una señora que no cuenta más que ridiculeces le dan todas las semanas media página en un periódico de tirada diaria como bien diría un amigo mio, y sobre todo, le dan 12.000 euretes del ala para escribir una adaptación al canario (¡y olé!) de Caperucita Roja, la amiga Donina Romero nos vuelve a deleitar con una nueva dosis de neopaletismo beato. Hoy le toca a las sodoma y gomorra que se han convertido, según ella, las playas. La cosa no está en el tema principal del artículo, a saber: dos púberes copulando (según ella) una tarde de estas en la playa de Las Canteras. Lo realmente delirante está en el fondo y las reflexiones que hace en su homilía de esta semana. Lean, lean:
[...]Ver el espectáculo que se presentaba ante nuestros atónitos ojos (más feo que una erupción cutánea) y marcharnos de allí buscando un agente de la autoridad para poner orden fue instantáneo como el nescafé, pues una pareja de jóvenes muy jóvenes (andarían ambos en los quince años más o menos), copulaba descaradamente como esperando que tal acto fuera plausible para los espectadores.
[...]aunque entiendo que el sexo forma parte de nuestra naturaleza humana y que cada cual es cada cual con sus cadacualadas, me da mucha pena y me abruma ver a estos jovencitos llevando con total indiscrección su sexualidad atrapados en el libertinaje camuflado de libertad, y en las redes del vicio (no del amor)[...]
pues ya no tenemos suficiente con lo que nos cayó encima: casi nudismo en todas nuestras playas, ombligos y barrigas al aire por las calles y en cualquier época del año, escotes de vértigo en todas las edades y a toda hora del día, las hormonas sexuales de las jovencitas revueltas y extraviadas en cualquier esquina, etc, sino que además tenemos que tragarnos estos lamentables espectáculos[...]
Creo que llegué a la modernidad con una hora de retraso, pues estas inmoralidades me asustan como un grito de mujer y me desata las iras hasta el punto de tener ganas de mandarlos a la Cochinchina o aún más lejos. Dicen que el diablo siempre anda buscando los cerebros más débiles, y así ha de ser posiblemente, pues no encuentro explicación a tamaña conducta[...]
Si la isla alivia su calor con las brisas marinas, a los isleños no nos vendría mal una nueva brisa de moralidad.[...]
Esta tía, ¿es de verdad?