Esta mañana he abierto Google Earth para enseñarle a un compañero de trabajo dónde estaba el famoso hotel de las dunas de Maspalomas, aquel que nunca se terminó y que demolieron con una voladura controlada a finales de los 80 o principios de los 90. Recuerdo perfectamente ver la retransmisión en directo por TVE Canarias de la voladura, todo un espectáculo.
Cada vez que sobrevuelo con Google Earth el sur de la isla me sobrecojo. ¿Cómo se ha permitido una aberración de tal calibre con el entorno natural?. El entorno de las dunas de Maspalomas es de una belleza espectacular. Sin embargo, el urbanismo salvaje está consiguiendo cargárselo, a base de trastocar las corrientes de aire que mueven y dan forma a las dunas. Hace apenas treinta años aquello era bellísimo. Aunque parezca desértico, la realidad es que existe numerosa fauna, incluso endémica. Lo mismo para la flora, con matorrales, cardones, extensos palmerales … una delicia que sucumbe a la vorágine constructora.

Lo desértico no es feo, ni mucho menos. Tiene el mismo atractivo para el turismo como cualquier otro tipo de paraje, por mucho que algún tarado con máquina de escribir piense que por ser desérticas, las islas orientales son feas. La administración, en vez de proteger a toda costa la naturaleza, ha permitido que se cometan auténticas barbaridades como plantar, en medio de un desierto, campos de golf. ¡Pero a quién coño se le ocurre!
Ya escribí hace tiempo sobre los campos de golf en Canarias y a esa anotación les remito si quieren saber qué es lo que opino sobre montar un campo de césped tóxico en medio de un secarral.
Somos todos muy listos. Como vimos hace años que hay un turismo, de alto poder adquisitivo, a los que le va el rollo de golf, dijimos ¡pues vamos a montar campos de golf!. Lo mismo se aplica a la versallesca planta hotelera reciente, con enormes edificios en forma de reproducciones de iglesias de pueblo, casas neocoloniales aumentadas hasta el absurdo o tochos infumables de dudoso gusto. Estamos convirtiendo la isla en una suerte de Las Vegas, con toda su caspa incluída. Un parque temático en el que se intenta que haya de todo para captar a turistas de todos los perfiles.

¿Y qué se ha conseguido con esto? Por ahora, que el turismo que recibamos sea el de bajo poder adquisitivo. Los turistas con pasta se marchan a destinos reales no a parques temáticos que intentan imitar cosas de otros sitios.
Cuando terminemos de hormigonar las islas, nos dedicaremos a comernos la hierba de los campos de golf.
Cuando hace algunos años me trasladé a Lanzarote (los motivos de la emigración me los reservo), se me pusieron los pelos de punta cuando conduciendo por la carretera desde Costa Teguise hacia Tahiche, vi semejante salvajada , cuando lo que existe alrededor tiene este aspecto. El resultado de mezclar ambas cosas, éste. Así que cuando me nombran que tal o cual obra supone un impacto visual, me descojono porque ya he visto el grado máximo de ese impacto.