Lo sentimos por el pino de Pilancones Cayó el pino de Pilancones, que para los canariones era algo como un símbolo de su isla. Mala suerte, después de perder también el dedo de Dios, aquella roca que abatieron los vientos de la tormenta tropical “Delta”. Pues bien, lo sentimos por el pino, al fin y al cabo un buen ejemplar de una especie vegetal autóctona de las Islas, pero nos parece que allí exageran su valor, ya que sólo tenía cuatro siglos, y que, como siempre, magnifican todo lo suyo.
En Vilaflor existen ejemplares de 700 años Como decimos, los canariones quieren hacer una tragedia de la caída de un pino cuya antigüedad superan miles de ejemplares de los bosques de Vilaflor, donde están catalogados algunos de 700 años. Pero ellos son así: lo suyo es lo nunca visto, lo más especial. Ya Leoncio Rodríguez elogió en una histórica obra la belleza y resistencia de los árboles canarios, pero esto del pino de Pilancones es pasarse de chovinismo. Y encima le van a levantar un monumento.

“Los mojos de la última” (aquí traemos los que se publicaron en El Día el pasado lunes 4 de febrero) es una de esas secciones, como “La tiradera” de La Gaceta, o “La pandorga del Sur” de Diario de Avisos, que siguen sin ser copiadas por periódicos de tirada nacional, tipo El País o ABC, merced sin duda a una soberbia ceguera periodística. Sirve para albergar mensajitos interesados, avisos a navegantes (algunos en un estilo cercano a la N’dragheta, y si no que le pregunten a Joaquín Catalán) u opiniones que el editorialista no pudo incluir en su espacio diario por las razones que fueran.
En “El Día”, estos “mojos” suelen servir para dos propósitos fundamentales: dejar caer cada equis días que la centralita del periódico vive en un estado de colapso permanente de la cantidad de tinerfeños que llaman para desenmascarar a la pérfida “tercera isla”, y dar pábulo a los delirios del señor Burns en relación a GCanaria.
En este caso, haciendo gala de una sensibilidad medioambiental que ha arrancado lágrimas en la sede central de Greenpeace, “El Día” quita hierro a la desaparición de parte del patrimonio natural de la isla vecina; minimiza la pérdida del afamado pino de Pilancones sobre el argumento de que “para qué llorar por la muerte de un árbol de 400 años, cuando en Tenerife tenemos vivitos y coleando cantidad (quisiera saber yo si miles) de árboles de 700 años”.
El mayor peligro de esto no sólo es la obvia falta de empatía y corazón, sino que empecemos a competir de aquesta manera, y antes de que nos demos cuenta veamos sorprendentes titulares del tipo “en mi Isla los árboles son más antiguos que en la tuya”, “en mi Isla las rocas son más ígneas que en la tuya”, “en mi Isla los políticos son más corruptos que en la tuya” o “el presidente de mi Cabildo la tiene más larga que el presidente del tuyo”. No desconfíen del señor Burns, ese hombre ha demostrado no saber ponerse límites.


Pero es que el Día ya tiene su sección de “los políticos (bueno, y todos los habitantes) de la tercera isla son más corruptos, malvados y feos que los de la PRIMERA”.