
Se llama Juan Antonio N.A., tiene 37 años y es natural de Tejeda. Juan Antonio trabaja(ba) como trabajador forestal para la empresa Gesplan. Juan Antonio temía quedarse, como pasa muchas veces con la mano de obra sin cualificación, sin trabajo. En septiembre su contrato se acababa y no iba a ser renovado, porque la campaña contraincendios acaba ese mes. Como Juan Antonio no quería perder su empleo, el viernes maquinó un plan perfecto: echaría unas cerillas sobre unos rastrojos en el monte para que ardieran y asustaran un poquito. Lo suficiente para que el Cabildo decidiera continuar su campaña unos meses más, y por ende, le renovaran el contrato. Al poco, él mismo llamó a los bomberos. Seguro que pensó que se saldría con la suya. Ya veía su contrato renovado unos meses más. Ya no iría al paro.
Pero seguramente Juan Antonio no sabía lo rápido que arde la pinocha en el monte, reseca, ayudada con las altas temperaturas y una ausencia casi total de humedad. La cosa se le fue de las manos
El coste del plan maestro de Juan Antonio todavía no se puede cuantificar. El monte sigue ardiendo con extremada virulencia. Dos mil personas han tenido que ser evacuadas casi con lo puesto. Muchas de ellas perderán todo lo que tenían. Sus recuerdos, su medio de subsistencia, su vida. Millones de metros cuadrados de monte, el poco verde que tiene esta isla tan árida, se calcina a un ritmo imparable. El hábitat del pinzón azul destruido (y con ello, los pocos pinzones azules que quedaban) y decenas o cientos de animales salvajes y domésticos calcinados.
Juan Antonio ha conseguido algo, sin duda: será recordado como el individuo que causó la mayor catástrofe natural de la historia reciente del archipiélago. Hoy, al entrar en el juzgado, intentaba tapar su cara con un periódico. En el fondo, seguramente, Juan Antonio ya es consciente de lo que ha hecho.


Ciertamente, el rostro de la vergüenza, eso es lo que es.
“Pero seguramente Juan Antonio no sabía lo rápido que arde la pinocha en el monte, reseca, ayudada con las altas temperaturas y una ausencia casi total de humedad.”
Menudo un guardabosques que no sabe lo rápido que arde la pinocha, cosa que sabe hasta un niño, por eso precisamente se usa la pinocha para iniciar el fuego cuando vas a un merendero a hacer una chuletada.
La mayor catástrofe natural de la historia reciente del archipiélago, ¡casi nada! Menudo hijo de la gran puta.