Ya hemos comentado tanto en el weblog como en el podcast la alarmante situación de los embarazos adolescentes en Canarias, la comunidad autónoma con más numero de ellos. Ahora conocemos un dato aún más inquietante: esa cifra ha aumentado un 75% en los últimos años. Ya no es raro ver en las maternidades a niñas de 15, 14 o incluso 13 años dando a luz.
Ustedes se preguntarán si es que escasean los condones o los pibes no tienen para comprarse un par de ellos, pero la realidad es que muchas niñas se quedan embarazadas para atar al novio, o por lo menos intentarlo, porque en muchos casos las chicas se quedan sin novio, sin estudios, pero con un monísimo churrumbel. Resulta curioso ver como mientras un sector de la población cada vez tarda más en tener hijos (no es raro ver madres primerizas bien entradas en la treintena de años) y otra es cada vez más precoz.
Se da otra paradoja curiosa y es que con cada generación se adelanta cada vez más la pubertad, entre otras cosas, y según algunos estudios, por el estrés de la sociedad moderna .
En cualquier caso, y como ya dije en algún podcast en el que se trató este asunto, sigo sosteniendo que el tema es más una cuestióm de educación que otra cosa.
Pues creo que el reportaje está mal enfocado pues casi todo se ve de la óptica maternal, cuando un chiquillo es cosa de dos (y no lo digo porque uno de los menores que habla tiene un acento “así”). ¿Por qué no se entrevistaron a los padres de los respectivos crios? Todavía en la sociedad creemos que el peso de la maternidad, como la palabra nos induce a ello, es de las madres. Y no es asi señores, si somos machotes para jugar el partido, cuidado que puedes llegar a los penaltis. Y si bien es cierto que normalmente la iniciativa de tenerlo, de preñarse, es de las propias chicas, no es menos acertado decir que los que normalmente inducen a las chicas a las relaciones sexuales son los hombres y son las mujeres las que, una vez probado el asunto, determinan usar esa herramienta como retencion.
Al menos en los casos que he conocido, claro.