Lo que cuentan son las realidades, y la única realidad que importa es la soberanía para el país canario. Cierto que estas ideas tienen dificultades para penetrar en la sociedad isleña. Ello es debido a que los canarios todavía están narcotizados por la idea de la españolidad impuesta a la fuerza. Usted, señor Rivero, recordará con amargura, antes de que transcurra mucho tiempo, estos alegatos nuestros. Usted no es una persona cándida, lo sabemos, pero le recomendamos sea cauto pues ha de tratar diariamente con malvados de aquí y de Madrid. Tenga cuidado. No sea uno más entre la masa de los que se conforman con la sumisa situación que arrastramos desde hace seis siglos. (…). Estímese usted como canario y acaudille la consecución de nuestra soberanía.
El señor Burns, en su desbarre comentario diario. Me conmueve ese argumento de que estamos narcotizados, ese tonillo de “las cosas son como yo las digo, lo que pasa es que tú no sabes darte cuenta, pero tampoco es tu culpa, porque como canario eres bueno y noble automáticamente, pero vives anestesiado por la poderosa adormidera rojigualda, roja por la sangre de nuestros ancestros, gualda por el trigo que nos expoliaron”. No deja de ser llamativa esta admisión de las “dificultades” que las ideas soberanas como el brandy tienen para penetrar en la sociedad isleña, cuando hace apenas unas semanas El Día se erigía como altavoz del hondo (hondísimo) anhelo de libertad de los canarios temerosos.
Se encomienda el señor Burns a Pau (yo le llamo Pau porque es un chico dorado) para que, no te lo pierdas, nos acaudille en la consecución de nuestra soberanía, y le ruega que tenga cuidado con los malvados que le acechan, en Madrid y en la pérfida GeCanaria.
A veces tengo la impresión de que cuando el señor Burns mira el retrato de Paulino, esto es lo que ve:

(¿O es lo que veo yo…?)
Me imagino a este hombre narrando todo lo que escribe con su hilarante y clasista forma de hablar y me sale una buena carcajada la mar de sana.