Felipe Manuel Armas Jerónimo era un peón de la construcción de una de las empresas de González, al que CajaCanarias concedió un crédito de 33 millones de euros con una nómina de 1.200 euros mensuales. Según considera la Fiscalía Anticorrupción, el hecho de que Ignacio González fuera miembro del consejo de administración de la entidad bancaria hizo que tuviera que utilizar a otra persona para crear la mercantil Inversiones Las Teresitas y que le fuera concedido el crédito para la compra de los terrenos de la playa santacrucera a la Junta de Compensación.
Lo cuenta la Opinión (y solo la Opinión) en su portada. Si no fueran pocas las triquiñuelas del “caso Teresitas” (como que Zerolo se ausentara de la votación en la cual el Consejo de Administración de Cajacanarias concedió ese crédito), tenemos la imagen del cabeza de turco, del pobre diablo, que se presta a realizar lo que le indica el cacique de turno. Pura idiosincracia canaria.
Es indiferente que haya hecho ésto de forma voluntaria e inducida, pues serán los jueces quienes determinen su responsabilidad llegado el momento. Poco nos debe importar. Lo realmente grave del asunto es la connivencia de los poderes públicos, esos que supuestamente velan por nuestros intereses, para que solo dos empresarios hayan pegado el pelotazo de su vida. Cajacanarias y el Ayuntamiento de Santa Cruz se pringan hasta el infinito bajo la dirección de los que mandan, creyendo en la impunidad velada que les supone ganar, con pacto o sin él, el poder político.
Si no ruedan cabezas importantes por este asunto, emigremos.
A ver quien es el guapo que con una nómina de 1200 euros mensuales se atreve a entrar en Cajacanarias y pedir un crédito digamos de… ¿20.000 euros? ¿25.000 euros? asi, sin más, a puerta gayola, sin avalista ni nada… del taponazo que te meten por el tronco la oreja sales dando tumbos por la puerta principal (como minimo)