Y que la salve de las “locazas” televisivas que han montado en cólera a raíz de las opiniones reales contenidas en la más reciente publicación de la repelente Pilar Urbano. Me hace mucha gracia como varios miembros del lobby gay televisivo se sienten megaofendidos porque a nuestra reina, simplemente, no le gusta que a la unión de personas del mismo sexo se la llame matrimonio.
Estoy esperando la reacción de los productores de carne cabreados porque se ha hecho público que sus productos no cuentan con el beneplácito de nuestra monarca consorte.
Hay que ver como se pueden manipular las cosas. No causa el mismo efecto decir que “la reina no come carne” que decir “la reina está en contra del consumo de carne” aún cuando podrían considerarse similares. Lo que no tiene nombre es lo que he escuchado ayer en varios medios. Ante el mencionado comentario de Doña Sofía sobre la forma de denominar a las uniones entre personas del mismo sexo, algunos medios se han referido a él como “las declaraciones de la reina en contra de los matrimonios homosexuales”. En fin IN-DIG-NAN-TE.
A mí, por ejemplo, me toca mucho los cojones que cada vez que un marido se carga a su mujer lo llamen “violencia machista” cuando, en mi opinión, debería llamarse “violencia doméstica, de pareja, crimen pasional…” y, obviamente, no por eso dejan de parecerme mal esos crímenes.
Otra cosa que los “homocomenteristastelevisivos*” echan en cara a nuestra reina, es un comentario sobre el día del orgullo gay. La autora del libro ha declarado que parte de las conversaciones que se reflejan en el libro tuvieron lugar en fechas próximas al desfile del orgullo gay en la capital del reino. Además, la reina no dijo que estuviera en contra de esta celebración sino que no la entendía (sin segundas intenciones) o que le causaba sorpresa (no recuerdo bien). ¿Se imaginan que los militares hubiesen pedido la dimisión de Mariano Rajoy por calificar de coñazo el desfile del día de las fuerzas armadas?
Se me ocurre que si la reina hubiese hecho un comentario del tipo “yo jamás me pondría implantes de silicona a no ser para compensar una mastectomía”, los titulares hubieran sido “la reina está en contra de las operaciones de cirugía estética”.
A los que, sin duda, me tacharán de homófobo, decirles (escribirles) que lo que me ha sorprendido es la desmesurada reacción de los mencionados “homocomentaristas*” y, lo que me ha molestado, es que se hayan autoproclamado en portavoces del colectivo gay anteponiendo su condición sexual a la condición (o presunta condición) de periodistas. En fin, un ejemplo más de falta de profesionalidad.
* El hecho de que estos periodistas (o presuntos periodistas) antepongan su condición sexual a su condición profesional, me autoriza de forma tácita a utilizar este término.
Un aplauso para micer Charlie, que ha dado en el clavo. Pero ya ve, buen señor, que estas reacciones son consecuencia del gilipolleo de lo políticamente correcto.