La crisis, la dura, profunda y cruda realidad de una crisis que algunos aún hoy siguen negando, ha impactado con sus primeras oleadas. Pero esto es sólo el principio. El verdadero tsunami impactará contra nosotros a lo largo del próximo año con mucha más virulencia que contra el resto del Estado. Porque somos un archipiélago, porque tenemos una alta dependencia energética, porque nuestra economía está fuertemente terciarizada y, seguramente, porque nos lo merecemos. Tal vez, con un poco de suerte, los partidarios del “no” a todo, los visionarios de una sociedad rural, los que se han opuesto tenazmente al desarrollo de grandes infraestructuras portuarias, a nuevos viarios, a tendidos eléctricos, al ocio o hasta a los carnavales, podrán ver cumplidos sus sueños; podrán ver una sociedad desfondada, sin recursos, en la que los coches serán sustituidos por las bicicletas, los hoteles (que tanto impacto negativo causan) serán edificios vacíos, los puertos y aeropuertos estarán libres de tráficos contaminantes y ya no habrá grúas alterando el skyline del horizonte. Se acabarán la construcción, el ruido y el desarrollo. También, eso sí, el empleo y la prosperidad. Un pequeño precio. […]
Miguel Zerolo, en su habitual huida hacia adelante
Ruido no es igual a desarrollo…y construcción tampoco…ya se ve de qué pie cojean, ya…