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Historias de inmigración

08/09/2006 15:11
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Vomitaban unos sobre otros y pronto se llenaron de piojos. El ácido de los vómitos y el salitre del mar convirtieron sus ropas en harapos

Un velero destartalado ha llegado a la costa con 106 inmigrantes irregulares a bordo. Los sin papeles detenidos, entre los que había diez mujeres y una niña de cuatro años, se hallaban en condiciones lamentables: famélicos, sucios y con las ropas hechas jirones. La bodega del barco, que sólo mide 19 metros de eslora, parecía un vomitorio y despedía un hedor insoportable.

Ésta podría ser una historia de hoy. Pero la noticia se produjo el 25 de mayo de 1949, los emigrantes eran españoles y el puerto al que habían arribado, venezolano. El suceso fue publicado en la primera página del diario Agencia Comercial. Aquella portada se ha convertido en mil carteles editados por el Gobierno de Canarias con la leyenda ‘Nosotros también fuimos extranjeros’. El consejero de Empleo y Asuntos Sociales del Ejecutivo autónomo, Marcial Morales, espera que sirvan para ayudar a comprender el fenómeno de la inmigración irregular que ahora llega a nuestras playas.

Cuando aquellas 106 personas desembarcaron en Latianoamérica, España estaba hundida en la miseria y machacada por la represión franquista, mientras que Venezuela era una nación emergente. Aunque la diferencia entre ambos estados era menor de la que hoy existe, por ejemplo, entre Nigeria y nuestro país, los españoles experimentaban el mismo efecto salida que empuja a los inmigrantes subsaharianos que llegan a las islas.

La historia comenzó el Sábado de Gloria de 1949. Un centenar de personas se deslizaron por el muelle de Las Palmas y embarcaron en varias falúas. La mayoría eran campesinos de Gran Canaria que ganaban 20 pesetas por trabajar de sol a sol y que habían tenido que vender sus cabras para pagar las 4.000 pesetas del billete, una pequeña fortuna para la época. En el pasaje también había 15 tinerfeños, 10 palmeros, cinco cubanos hijos de isleños y 15 peninsulares de Murcia, Madrid, Almería, León, Ourense, Asturias, Cuenca, Cádiz, Navarra y Baleares, un canario nacido en Filadelfia (EE UU) y una española venida al mundo en Auxerre (Francia).

Durante varios días habían permanecido ocultos en casas particulares. Juan Azcona, uno de los organizadores del viaje, ha declarado que alojó en su vivienda a más de 20. Si le hubieran aplicado la actual Ley de Extranjería habría pasado una buena temporada a la sombra por tráfico de personas. De ese mismo delito habría podido ser acusado Ramón Redondo, que un mes antes había pagado 250.000 pesetas por una goleta llamada La Elvira, que durante 96 años había sido dedicada a la pesca en las costas de África. Redondo pensaba amortizar la compra con el precio de los pasajes y con la venta del lastre de sal que llevaba el barco.

Las falúas pusieron proa hacia la península de Jandía, al sur de Fuerteventura, donde les esperaba La Elvira. Los pasajeros acababan de abordarla cuando oyeron dos tiros y vieron acercarse vertiginosamente la lucecita verde de una patrullera. Huían con todas las velas desplegadas, pero la lancha ganaba terreno. ‘¡Deténganse en nombre de España!’, ordenó la Guardia Civil por el altavoz. Los agentes se colocaron en paralelo a la goleta: ‘¡Entréguense!’, volvieron a ordenar. ‘¡Que se entregue tu madre!’, les respondió una voz en la oscuridad. Un golpe de viento feliz lanzó al velero hasta aguas internacionales.

La Elvira tardó 36 días en cruzar el Atlántico, empujada por los alisios. Durante ese tiempo sus pasajeros se alimentaron de patatas podridas, garbanzos con gorgojos y gofio picado. El agua estaba racionada.

Gonzalo Morales, que escribió un libro sobre la historia, Fugados en velero, cuenta que pasaban casi todo el día en la bodega, donde sólo cabían tumbados y apretados como sardinas en lata. ‘No podíamos ni darnos la vuelta’, ha declarado Paco Azcona. Hacían sus necesidades tras unos tablones. Vomitaban unos sobre otros y pronto se llenaron de piojos. El ácido de los vómitos y el salitre del mar desgastaron sus ropas, que se convirtieron en harapos. Con aquellos jirones, las mujeres hicieron compresas cuando se les presentó la regla. La Elvira hedía como una cloaca.

Antonio Domínguez, apodado El Puro por su afición al tabaco, era el capitán costero encargado de sacar el barco de las islas. Luego debía pasarle el mando a Antonio Cruz Elórtegui, capitán de altura. Pero Elórtegui había mentido: ‘Soy un perseguido político vasco. No tengo dinero y presentarme como capitán era la única forma de embarcar’, confesó. Intentaron lincharlo, pero el armador, el costero y los cinco marineros lo evitaron. ‘Tenemos que volver a Canarias’, anunció El Puro al ver que carecían de capitán. Pero un pasajero llamado Regino Camacho, que antes de la guerra civil había sido acusado de asesinato, armó un motín y, pistola en mano, le persuadió de que se hiciera cargo de la nave. No era Camacho el único homicida que viajaba en el barco, ni el suyo el único revólver a bordo. Al final de la travesía las autoridades venezolanas intervinieron tres armas de fuego en La Elvira.

El Puro navegó contra la salida del sol. Sólo se auxiliaba con el cronómetro de Ramón Redondo, el armador, que le permitía calcular cómo se reducía la diferencia horaria entre Canarias y Venezuela. En el medio del Atlántico un huracán rompió el timón y estuvo a punto de enviarlos a pique. Al amanecer del 22 de mayo, tras 36 días de viaje, alcanzaron el puerto de Carúpano, en Venezuela.

Antes de fallecer, Ramón Redondo, el armador, dejó escrito el final de la aventura: ‘Fuimos remolcados hasta La Guaira por una lancha de la Guardia Nacional. Las autoridades nos reseñaron como inmigrantes voluntarios. Luego nos trasladaron hasta un centro de inmigración de Caracas. De ahí nos llevaron al estado de Yaracuy, a un central azucarero llamado Matilde, donde estuvimos limpiando surcos y abonando los cañaverales. Después de un mes viajé en autobús hasta Caracas, donde viví en una pensión y limpié coches por la noche. Me enteré de que habían trasladado La Elvira hasta Puerto Cabello. Allí me fui. Unos pescadores me acercaron hasta ella y me dejaron solo. Lo encontré todo tan desmantelado que me dieron ganas de llorar. Subí por las jarcias hasta lo alto del mástil y rescaté la bandera española que habían hecho las mujeres con trozos de tela (...). Regresé a Caracas y, después de muchos contratiempos, organicé mi vida, me casé con Aura Vera y tuve cuatro hijos’.

El año pasado, Ramón Redondo quiso volver a Tenerife con su familia. Llegó herido de muerte. No había tenido tiempo de poner su documentación en regla, y lo rechazaban en el hospital. Falleció en febrero. La Administración ha informado a su esposa de que, dado que no convivieron un año en España, no tiene derecho a la pensión de viudedad. ‘¡Pero si llevamos casados 52 años!’, ha protestado ella. Le han respondido que la ley protege al Estado de los matrimonios de conveniencia.

TOMÁS BÁRBULO – Tenerife. EL PAÍS – España – 16-07-2001
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Comentarios [10]

    1. Acuarelacool dice:

      Me ha sobrecogido mucho este artículo. Es como analizar una realidad desde otra realidad y otra perspectiva…

      Gracias por compartirlo. Un saludo.
    1. alienmaster dice:

      Verdad pura

    1. Para que no olvidemos.
    1. Netito dice:

      Si les interesa, el libro sobre la odisea del Elvira está disponible en la Librería del Cabildo: http://www.libroscanarios.com/ficha.cfm?cod=1723
    1. Blanca Edelmira Azcona Flores dice:

      Soy hija de Paco Azcona, protagonista de La Elvira y gran amigo de Gonzalo Morales, su autor, el libro salió publicado justo una semana despues de su fallecimiento… Saludos!
    1. guanches dice:

      Este tema es bastante controvertido como para opinar a la ligera, pero a riesgo de parecer inhumano, veo pocos paralelismos con la inmigración que a día de hoy llega a nuestras costas. Aunque el gobierno diga lo contrario, muchos de los que vienen saben muy bien lo que se van a encontrar, lógicamente si les preguntas a ellos te dirán que no, que desconocían la situación. De ser cierto, ¿como es que muchos regresan? ¿Por qué nadie viene con una identidad? Ciertamente el tema es complicado, se mire por donde se mire. No veo de recibo el reparto de folletos a la población para lobotomizarlos y que la presión social se calme un poco, creyendo que la única verdad es la que dice el presidente de turno.
    1. Alberto dice:

      Población sale (con gran esfuerzo y grandes riesgos) de un territorio en el que no tiene posibilidades de progresar a un territorio con muchas más posibilidades.

      Pocos paralelismos…

      El desconocimiento engrenda miedo, el miedo engendra odio, y el odio conduce al lado oscuro.
    1. elisa dice:

      Asi es, aqui en Venezuela le hemos abierto las puertas y el corazon a vosotros y hoy cuando empiezan sus propios descendientes a buscar mejor vida en su pais, como los tratan? y a los q no somos vuestros descendientes? Sin generalizar, por supuesto, pero seria una interesante reflexion.Igualito los seguimos queriendo, a ustedes y todos lo extranjeros xque en ste pais, no existen extranjeros.


    1. miguelantoniobriceño dice:

      conoci a don antonio hernandez viera de las palmas vino en al elvira y su hijo nino hernandez me encomendo para que el consiguiera el libro fugados en velero de gonzalo morales un amigo francesco leone fue para tenerife en semana pasada y no lo hayo espero conseguirlo para leerlo y entregaselo asu familia su servidor miguel briceño mi bisabuelo su apellido era quintero y pienso que era canario materno, el primer briceño que emigro a venezuela fue sancho briceño de arevalo castilla la vieja tuvo buena actuacion contra los moros y luego compiro junto con otros compañeros guevara y fue enviado a venezuela fundo las alcadia y se radica en en estado trujillo estoy muy onrado de mis apellidos saludos su servidor miguel antonio briceño.


    1. altaggracia dice:

      Soy la hija de Carmela Herrera Lorenzo y prima de Carmelo Benitez Lorenzo. Hoy venezuela està agredecida de aquellas emigraciones y de los Fugados. Somos y estamos volviendo a los lugares de nuestras raices.
      Saludos a los desendientes de aquellos valientes que cruzaron el Atlantico con lagrimas en los ojos y añurgados el corazòn.Gracias




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