Vergonzoso, indignante… se me ocurren muchos calificativos para describir el comportamiento de hace dos días de MUCHOS (ni algunos, ni todos) de los empleados huelguistas de La Naval en la ciudad de Vigo.
Supongo que conocerán la noticia. A cara descubierta asaltaron dependencias de la Xunta de Galicia (Dirección General de Empleo creo recordar) y arrasaron con infinidad de aparatos y materiales. Lo más grave es que estos HIJOS DE PUTA* se dedicaron a tirar por las ventanas un montón (por las imágenes yo diría que miles) de documentos oficiales, al tiempo que sus cómplices en el exterior hacían unas bonitas fogatas con ellos.
Si vergonzoso es este comportamiento, más lo es que todavía no haya salido ningún responsable del Ministerio del Interior (o yo no lo he visto) o de la fiscalía diciendo que medidas se van a tomar contra los autores de los destrozos.
Contra estos comportamientos antidemocráticos y delictivos hay que tener mano dura. Me vienen a la cabeza escenas como las de los huelguistas de los astilleros de Cádiz, la invasión de las pistas del Aeropuerto de El Prat (¿en qué quedó eso?)...
Para más INRI, en la jornada de ayer, reunidos en las mismas dependencias objeto del atentado, representantes de empresa y trabajadores han llegado a un principio de acuerdo que deberán ratificar los alborotadores y sus colegas en la jornada de mañana.
Desde aquí pido una sanción ejemplar para estos vándalos (incluída la restitución de los bienes inutilizados) que sirva de escarmiento y haga que en futuras protestas los protagonistas se lo piensen dos veces antes de dedicarse a cometer este tipo de delitos.
* Me permito la licencia de llamarles “HIJOS DE PUTA” porque si a alguno se le ocurre demandarme por ello, estará reconociendo implícitamente su participación en estos disturbios.
Desde luego lo que no entra en la definición de huelga es el destrozar todo lo que los huelguistas encuentren a su paso, bien quemándolo o de alguna otra manera. Tampoco el impedir el derecho de otras personas a trabajar y respetar su decisión (y derecho) de no ir a una huelga. Tampoco entra en la definición de huelga el derecho a poner silicona en cerraduras, tirar piedras contra escaparates o amenazar a quien abra su comercio.
En cuanto a reivindicaciones, precisamente ayer ví el vídeo de la estupenda canción rap que se han agenciado los carteros de no sé dónde en la península para pedir un aumentillo de sueldo. ¡Qué salaos! ¡Es divertidísimo! A esos sí que les daba el aumento. Pero a los que se dedican a destrozar (estilo juventud radical del País Vasco)...pues me lo pensaba un poquito más.