(Venga, pues allá vamos)
Invade Coalición nuestro isleño campo visual con unos carteles excesivamente llamativos, en colores que ofenden la retina, en los que inciden en el lema con que abrieron la veda de la pre-pre-precampaña meses atrás en la radio. Mi santo y yo topamos con uno de estos carteles, y ambos, en encantadora sintonía, caímos al mismo tiempo en el lapsus que subvierte el mensaje de los cartelones.
En esta sociedad, donde la ESO y sus consecuencias campan por sus respetos, no está de más que hablemos un poco de un viejo amigo olvidado: el vocativo. Sí, no se escandalicen, el vocativo. Esa palabra, o conjunto de palabras, con las que captamos la atención del interpelado o nos dirigimos a él, esto es, cumpliendo una función apelativa. Para que tal función exista, es imprescindible que vaya precedido de una coma, o acotado por dos. ¡Rayos y centellas! No veo comas en estos carteles coalicioneros. Habrá quien me diga que esto no tiene importancia. Pero no. Las comas, igual que otros indefensos signos de puntuación, no se merecen semejante menosprecio.
Porque no es lo mismo. No señor. No es igual “habla canario”, que “habla, canario”. Salvo que…
Salvo que yo esté malinterpretando la campaña, por supuesto. Quizá el artero propósito de CC no es incitar a los canarios a votarles para ser (adopto tono cansino) “la voz canaria en Madrid, sniff sniff”, sino promover y difundir el empleo de nuestros giros lingüísticos más característicos. Que hablemos canario, en definitiva.
Así que la próxima vez que se encuentren en compañía de, pongamos, Ricardo Melchior o Mari Mar Julios, diríjanse a ellos sin complejos y proclamen: “chacho chacho, guarda la pella gofio, que ya me embosté con el escaldón de mandarinas”. Por ejemplo…
(Me propone mi hermano una alternativa mucho más maliciosa a la que me niego a dar crédito, cual es que el target electoral al que se dirige CC es poco dado a estas sutilezas ortográficas; hombre, por Dios, cómo va a ser eso…)

La libertad de expresión debe ser la base de cualquier sociedad. Me parece perfecto que quienes quieran anular su educación, su cultura y su origen lo hagan, aunque no lo comparta. Pero lo mínimo que se puede exigir es que quienes no renegemos de quienes somos, se nos respete igualmente. Pues si, HABLO CANARIO, porque lo soy. Allá cada cual con su autoestima. Simplemente RESPETO mi variedad dialectal.