Confieso que no entiendo lo que pretende Tirma con este nuevo producto o nueva versión de producto que han sacado al mercado. Vaya por delante que soy devorador en excedencia (mientras deba estar a dieta) de sus ambrosías, especialmente de las de sabor avellana ¡Umm, ñam, ñam! pero, como lo cortés no quita lo valiente, me veo en la obligación moral (menuda cursilada) de escribir este post.
Cuando digo que no entiendo lo que pretenden con el nuevo producto me pregunto, por ejemplo, si había una demanda por parte del público de esta nueva variedad. Por supuesto no soy un experto en marketing y demás zarandajas de papafritas salidos de MBAs pero sí que me precio de aplicar con bastante acierto el sentido común, así que aplicando éste voy a plantear mi razonamiento.
Preguntémonos una cosa ¿Tiene esta ambrosía “sin” el mismo sabor que su versión “con”? Si es que sí, ¿no bastaba con sustituir una por la otra alabando las virtudes de la nueva fórmula?. Si es que no, es decir, que sabe peor, ¿qué presuntas ventajas compensan el renunciar al sabor original en favor de la nueva “receta”? ¿Una drástica reducción del número de calorías, como el de la Coca-Cola Cero o Light frente a la fórmula original? ¿Una moderada reducción? ¿50%, 40%, 30% menos calorías? ¿Acaso es apta para su consumo por personas diabéticas?
Despejemos la incógnita de la reducción de calorías y que cada uno considere si es drástica, moderada…
En esta primera fotografía que les muestro pueden ver el cuadro de información nutricional que está impreso en el fondo de la caja de las ambrosías “fórmula tradicional”. Pido disculpas por la calidad de la foto pero, si no me las voy a poder comer, no me voy a gastar los cuartos en comprar una caja para escanearla.

El dato es 532 Kcalorías por cada 100 gramos. Lo que nos da, redondeando, unas 114 kcalorías por pieza de 21,5 gramos.
Veamos ahora que nos dice la caja de la nueva ambrosía “sin”.

El dato es 516 Kcalorías por cada 100 gramos. Lo que nos da, redondeando también, unas 111 Kcalorías por pieza de 21,5 gramos.
Volviendo a las preguntas planteadas, si saben igual, insisto ¿por qué no sustituyen la tradicional por la nueva y santas pascuas? y, si no sabe igual ¿justifica la reducción de 3 “miserables” calorías la mengua en el disfrute del sabor? En mi caso tengo claro que no.
Podemos ver también, en el apartado dedicado a los hidratos de carbono, que contiene cinco gramos y medio de azúcar por cada cien de producto. No soy médico ni nutricionista, pero con este dato supongo que no es un alimento para formar parte de la dieta habitual de un diabético.
Conclusión: Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas.
Lo que de verdad me ha mosqueado de esta cuestión es que me tomen por tonto. Utilizar a una joven haciendo algo parecido a ejercicios de aerobic como si de un spot All-Bran, Vitalínea 0% o Nackis Bicentury se tratara es, como mínimo, poco ético. Puestos a realizar publicidad de esta clase, les propongo que se olviden de las ambrosías y saquen al mercado un producto que no tengan en su catálogo (por ejemplo una galleta integral) y la promocionen diciendo que está elaborada sin amianto, sin usar cereales transgénicos y con huevos libres de isótopos radioactivos, sembrando así la duda sobre los productos de la competencia.

Desde esta humilde atalaya me permito sugerirles una presentación más acorde con las verdaderas “virtudes” del producto.
Finalmente les planteo una última duda. ¿Sustituirá Binter en su servicio de a bordo la clásica ambrosía por la nueva “sin”? Si es así, ¿a qué esperan sus directivos para dar una rueda de prensa, con lo que les gusta, y anunciarlo a los cuatro vientos? Se lo preguntaría en su perfil de Facebook pero temo que me declaren persona non grata.
A propósito, ¡Feliz día de San Fernando y Santa Juana de Arco!
Actualización/aclaración: Un lector que firma como Dr. Juan González, Responsable de Control de Calidad de Tirma, S.A. y cuya identidad no pongo en duda (pero no he comprobado), ha escrito un comentario del que, por su relación con el contenido del post, debo incluir un fragmento.
…Inicialmente se trata de poder satisfacer a un colectivo como el de los diabéticos (que en Canarias supone aproximadamente el 13% de la población) y, lógicamente, sin perjudicar a los actuales consumidores, ya que la sustitución de la sacarosa por otros edulcorantes supone un importante incremento de los costes de las materias primas. Su uso por parte de los diabéticos lo hemos sometido a la valoración de la asociación de diabéticos de Canarias dando lugar a la aprobación para su consumo responsable, a la promoción del producto entre sus asociados y a la degustación del mismo en sus diversas actividades lúdicas…


La diferencia teórica es que pasa de un 64% de hidratos de carbono a un 57%.
Otra cosa es que realmente importe según el tipo de hidratos de carbono que tenga. En este caso ya se ve que la disminución de calorías es mucho menor.
PD: esos productos que mencionas YA tienen anuncios poco éticos e por sí. Al fín y al cabo, ninguno sirve para nada si APARTE de tomarlos no tienes una dieta equilibrada y/o haces ejercicio regularmente. O sea, que solo funcionan cuando no los necesitas realmente.
Es como vender una bayeta que solo puede usarse en platos ya secos.