Y con la pinocha, por mucho que nos cuenten estos ingenieros arrepentidos ahora, ocurrió tres cuartos de lo mismo. La gente fue expulsada del monte
o al menos todo el que iba a trabajarcasi a punta de pistola para que se ocuparan de cuidar de los jardines o de fregar los cacharros en las urbanizaciones turísticas esencialmente. Y esa interpretación wladimiriana de que nadie quiere trabajar la tierra ya es sólo valorable desde el punto de vista, o si tenemos en cuenta, que en un momento dado a la gente se nos echó del campo a la patada limpia.
Cuando uno tiene ganas de escribir un artículo sobre algo, pero encuentra otro con el que está completamente de acuerdo, es mejor no tocar el teclado y enlazarlo directamente.