
Siempre he pensado que el acto de tirar basura en la calle es un acto de egoísmo increíble; que lo recoja otro viene a decir el incívico con esa acción. Me choca aún más cuando en cualquier calle de la ciudad tienes una papelera o un contenedor de basura a menos de 20 metros de cualquier punto donde estés. En la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria el problema llega a puntos delirantes. No es raro encontrarse un fin de semana con bolsas de basura plantadas alrededor de un contenedor de basura porque está lleno, o zonas en el que el olor a meado (humano, por supuesto) tira para atrás. La zona donde vivo se llena por las noches de esa simpática chavalada que va a privar a los baretos más inmundos que antaño eran dominio de borrachuzos y no tienen ningún reparo en mear en la acera como si la cosa fuera lo más normal del mundo.
Tomo como ejemplo una calle cercana a mi casa que asfaltaron ayer. Cuando terminaron, por supuesto, el pavimento estaba de paquete, a estrenar; en glorioso negro piche. Hoy, menos de 24 horas después, ya está salpicado de colillas, papeles, chicles y toda clase de mierda. ¡24 horas!. El Ayuntamiento tiene un servicio de limpieza viaria que más o menos funciona correctamente. Un par de veces a la semana limpian a conciencia con agua a presión las calles y todas las noches hay barrenderos, así que el problema no es por falta de limpieza. Es que somos unos guarros.
¿Es una cuestión de educación? Probablemente. En mi círculo cercano de amigos, familiares y conocidos no hay ni una sola persona que se le ocurra tirar nada al suelo en la calle. No es que lo hagan por ser educados, es que lo consideran (consideramos) de cajón. Me hace gracia como los ciudadanos se quejan de la suciedad de las calles y luego puedes ver a esa misma gente meando a las 2 de la mañana contra el escaparate de una tienda (y no es coña, lo he visto hacer unas cuantas veces).
El ser una gran ciudad o sentirse europeo no es sólo un acto de fe, hay que comportarse como tal.
Lo peor es cuando ves a las madres diciendo a los niños pequeños que orinen contra la rueda de un coche “porque no se aguantan”. Y lo malo es, al hacer eso, les enseñan que eso es lo más natural del mundo! si no te aguantas…hazlo en la calle!
Yo no me atrevo a tirar nada al suelo ni a escupir. Me da asco. Si no lo hago en mi casa ¿por qué en la calle debería ser distinto?