Por las experiencias de otros años, ya sea al volver a casa tarde la víspera o al salir temprano el día de los monarcas prestidigitadores o ilusionistas, fijo caen un par de cretinos en el vecindario de esos que ponen un lazo gigante al coche que regalan al pariente de turno en un acto de exhibicionismo asqueroso (ya puestos, pon una copia de los documentos de financiación en el salpicadero, cual ticket de la zona azul, y así también nos enteramos de cuantos años vas a estar pagando “el regalito”. GILIPOLLAS).
Este año me había propuesto salir de safari fotográfico a inmortalizar tremendas horteradas por diferentes zonas de nuestra capital, pero entre unas cosas y otras se me fue el baifo al cielo y el santo al corral y cuando recordé mi propósito ya era demasiado tarde.
¡Lástima!
Si alguno de nuestros agudos lectores ha podido captar alguna escena del tipo de las mencionadas agradeceríamos que nos enviaran el testimonio gráfico.
Si por el contario alguno de nuestros lectores ha perpetrado alguna horterada como la descrita, ¡MÁNDESE A MUDAR!. En este Blog se reserva el derecho de admisión y no queremos gentuza de esa calaña.