Ley de dependencia: una vez más en el último lugar

26/01/2010 12:46
Autor: Don Consultor

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Si la llamada Ley de Dependencia del gobierno central fue más un brindis al sol que una realidad palpable (como lo está siendo la tontería esa de la escuela 2.0, pero ese es otro tema), lo que ocurre con su aplicación en las comunidades autónomas es para llorar; y como no, las administraciones canarias destacan en su “pasotismo” por el tema.

En Canarias Ahora,


En Canarias24Horas,


En El Día,


Y dedicado a estos gerifaltes de lo público, a los que parece importarles bastante poco la calidad del vida de los ciudadanos, Andrés Aberasturi, a finales de 2008 describía lo que siginifica vivir con una persona dependiente, su propio hijo:

CASADO, DOS HIJOS; el mayor va por su cuenta y sobre el segundo, discapacitado, los jueces me han devuelto la patria potestad. Cuando tuvimos que pasar el mal trago de incapacitarlo, en el Juzgado de Familia de Madrid no había ningún sitio reservado donde aparcar el coche y hacer las maniobras pertinentes de sacar la silla de ruedas, bajar al chico y colocarlo. Dentro del juzgado (insisto: el dedicado entre otras cosas a incapacitaciones) tampoco había sistema alguno para sortear los obstáculos con la silla de ruedas pero sí un arco de esos que pita si llevas algo de metal. Los ascensores eran también normales, es decir pequeños e inadecuados para una silla de ruedas. Sigo.


Para los tres que componemos la unidad familiar, una situación más o menos normal aunque siempre dura, voy por la vida con la friolera de 12 (doce) tarjetas sanitarias: tres de la comunidad de Madrid, tres de la de Castilla La Mancha (en donde vivo la mayor parte del tiempo), tres de la Asociación de la Prensa y tres más de la empresa colaboradora de RTVE. Sigo.


Algunos complementos médicos que tiene que tomar mi hijo los puedo comprar en Madrid por la Seguridad Social, pero no están incluidos en Castilla La Mancha y al contrario. En Madrid a mi hijo se le considera a todos los efectos como jubilado, pero no así en la comunidad vecina. Cada vez que le recetan algo en uno de los dos sitios, le dan de alta por las buenas en la Comunidad que sea y causa baja en la otra. Todo, claro, sin consultar conmigo. Sigo.


Estamos citados para el próximo mes con el fin de que “lo valore” una comisión de expertos. Si no recuerdo mal, mi hijo ha pasado ya por cuatro valoraciones distintas de las que, naturalmente, tengo certificados definitivos. Es igual: hay que volver a pasear al chico porque ninguna de las valoraciones hechas por la Administración, con participación de médicos de la SS, trabajadores sociales, médicos forenses, jueces, fiscales y psicólogos sirve para nada. Quieren verle otra vez, otra vez tres nuevos profesionales quieren opinar sobre mi hijo, otra vez le van a preguntar cómo se llama en medio de un silencio sin posible respuesta que duele, otra vez le van a pedir que levante un brazo en medio de una inactividad que duele, otra vez nos van a hacer repetir su historia de treinta años inútilmente porque todo está ya en los mil papeles que la propia Administración ha ido rellenando sobre mi hijo en este tiempo. Pero no importa nada; mi hijo es un objeto de deseo para aumentar el número de afiliados a la SS, un objeto al que hay que llevar de aquí para allá una y otra vez para que los protocolos se cumplan al margen de los sentimientos, un objeto que milagrosamente (porque si no, no se explica) puede recuperar de pronto todas sus facultades deterioradas desde que nació. Concluyo.


A nadie le importa nada ni mi hijo ni sus padres. Esto funciona así y si un juez me ha devuelto la patria potestad, otro me tiene que dar permiso para solicitar su ingreso en una residencia o centro de día (invocando, por cierto un artículo equivocado que se refiere a lo tutores pero no a los padres); que cuatro veces hayan valorado su discapacidad, da exactamente igual, no les basta: quieren meter, otra vez, el dedo en la vieja herida que ellos se encargan de que nunca deje de doler. La Administración está llena de impresos pero carece de corazón y de respeto. Hace campañas contra la diferencia y es la primera en segregar, de diferenciar, en “cosificar” a los diferentes.


Pero pese a todo, pese a este drenaje inútil de padre que hoy escribo en nombre de muchos, el mes que viene volveremos con el crío para que le valoren porque si no, si te rebelas, si gritas y exiges, careces de derechos, no existes, te falta un formulario y el expediente es papel mojado. Volveremos a exhibir a nuestro hijo y tampoco, me temo, habrá ni plaza reservada por si llueve o hace frío.


Ahora se están pegando por la financiación autonómica. Me da igual ya. Si ni siquiera se dan cuenta de todo lo que han hecho mal, ¿cómo vas a esperar que rectifiquen? Crearon el error, lo heredaron y cada vez van ahondando más en él. Sucederse así es perpetuar el fracaso.

Pero nada, una ley que existe desde 2007, ahora resulta que en seis meses quedará todo resuelto.

¡’Pelín‘ demagógico me quedó el tema!


Comentarios [3]

    1. sin palabras dice:

      pues eso mismo. me quedo sin palabras, y las pocas q me vienen a la cabeza, no sé porque causa, son malsonantes. Odio el cachondeo que existe en este país (y lamentablemen en una gran parte del resto del mundo) con todas las personas necesitadas de una u otra cosa. Se gastan el dinero en chorradas: las Teresitas, el tranvía, los trenes,obviamente en subirse el sueldo según acceden a un cargo…. pero a lo social que lo parta un rayo.
      En fín, esperemos que algún día un rayo los tire de un caballo y les haga ver la luz (cuentan que a uno, hace ya mucho, le funcionó)


    1. Perplejita Me Hallo dice:

      Así nos va. La Ley de Dependencia no es mala idea, pero falla porque deja demasiada responsabilidad en manos de las Comunidades Autónomas, que no tienen sentido de Estado ni son capaces de poner el bienestar ciudadano por encima de intereses más prosaicos, en algunos casos por manifiesta mala fe, y en otros por manifiesta incompetencia.


    1. Profe Sor Prendido dice:

      Hace unos años, realizamos un estudio para una Administración Pública Canaria, y nos dimos cuenta de la siguiente paradoja:

      1. La población canaria es la más jóven de toda España.
      2. La población canaria dependiente, suele ser mayor de 65 años.
      3. La mayor tasa de pensiones no contributivas (es decir las que concede el Estado y administran las CCAA) se da en Canarias, tras Ceuta y Melilla.
      4. Con la Ley de dependencia, estas prestaciones y servicios tienen que ser sufragados por las Administraciones Públicas y la ciudadanía.
      5. Si la ciudadanía, no tiene con qué pagar, las Administraciones corren con los gastos.
      6. Siendo un derecho, gran parte de los ciudadanos y ciudadanas canarias dependientes, no ven cumplido sus derechos porque la Comunidad Autónoma lo tiene que pagar.
      7. La misma Comunidad Autónoma que deja que el trabajo precario y sin cotizar haya sido y siga siendo el pan de cada día de la mayoría de la población.
      8. Andalucía, con problemas de exclusión social tan graves o más que Canarias, es la comunidad a la vanguardia de estos servicios.

      Conclusión: como no es negocio para las empresas afines al Gobierno de Canallas, perdón de Canarias,no la aplican. Prefieren invitar a los viejillos a paella y bocadillos de mortadela.




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