Lo importante no es cuanto sino cuales

20/06/2009 00:36
Autor: Don Consultor

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Vaya por delante que aborrezco los juicios paralelos y sus consecuencias (magnífico Alfonso González Jerez), y que siempre debe primar la presunción de inocencia, por muy duro que a veces resulte. Pero cuando lo ponen tan fácil, uno no se puede resistir.

Entrevista publicada en El Día al anterior alcalde de San Miguel de Abona,

¡Vale! Tal y como está contestada la pregunta, y con la limitación que supone el texto escrito, parece que esa respuesta la hubiese dicho con orgullo (sensación que se corrobora, con la cara de satisfacción que muestra el ex-alcalde, en las fotos que acompañan a la entrevista en la edición en papel). ¡Cómo si estar imputado de “un solo” delito fuese una hazaña, vamos!

En cuanto a sus vivencias durante la única noche que permaneció detenido [negritas mías]:

El primer día estuve dos horas declarando y después me dijeron que no me podía ir a casa porque al día siguiente tenía que ir al Juzgado para volver a declarar. Estuve una noche en el calabozo, con una luz en penumbra, sólo, como si estuviera en una cárcel y eso te rompe la moral. No hay ni un espejo para afeitarse y, para rematarlo, al día siguiente me llevan al Juzgado a las 11 de la mañana y declaré a las 3 de la tarde y sólo durante 15 minutos. Mientras llegaba la hora de mi declaración, estuve de nuevo en un calabozo con otros chicos detenidos y eso te mina personalmente.

En resumen: un calabozo es como la cárcel; lo peor es que no hay espejos; tuvo que esperar unas cuantas horas (si le contara mi odisea experiencia para sacarme el pasaporte: ¡fliparía!), y lo que le mina el ánimo es estar junto a otras personas detenidas (sólo le faltó añadir: “que a saber que habrán hecho”).

Pero sin duda la mejor respuesta de toda la entrevista, es la siguiente [negritas mías, de nuevo]:

Es curioso porque cuando entré a declarar tenía cinco imputaciones y salí con una sola, la de presunta malversación de caudales públicos, que es, según me explicaron, cuando se desvía dinero de ciertas partidas a otras. Habrá que demostrar que eso fue así.

¿¡Le tuvieron que explicar que es malversación!? ¡¡Nivelazo!!


Comentarios [9]

    1. chet dice:

      ¡Vaya desfachatez!
      ¡Cómo debe de estar extendida la corrupción para que hablen así sin que se les caiga la cara de vergüenza!


    1. Juan Solo dice:

      Don Consultor…Eso de la presunción de inocencia me tiene un poco hasta las meninges. A un empleado público al que se el imputa un delito de corrupción no se le debería aplicar. Yo hablaría mejor de la presunción de idonenidad del administrador para el administrado. Un cargo público no es un derecho fundamental. En caso de sospecha o investigación, lo lógico es que se vaya a su casita y a sus asuntos hasta que se solucione el tema.
      Con respecto de la presunción de inocencia…. le darías tus dineros a un presunto malversador para que te los cuide?
      dejarías tus hijos a cargo de un presunto pederasta?
      No hace falta que respondas!


    1. Don Consultor dice:

      Juan Solo,

      Como afirmo, la presunción de inocencia a veces se hace difícil de admitir, pero es una de las reglas con las que jugamos, y no podemos aplicarla sólo cuando nos conviene.

      En cuanto a los cargos públicos, estamos de acuerdo. Si alguno está metido en asuntos judiciales directamente relacionados con su puesto, que renuncie inmediatamente, y como dices a su casita a resolver sus asuntos. Que se deje actuar a la justicia, nada de juicios paralelos, nada de declaraciones intentando influir en resoluciones judiciales o pasar más tiempo en el juzgado que en la realización de sus funciones. Si al final es responsable de lo enjuiciado: condena ejemplar; si no: restitución del puesto y aquí paz.

      Saludos.


    1. Alfonso Gonzalez Jerez dice:

      Señor Solo:

      Verá, la presunción de inocencia no es un indecente privilegio de políticos o funcionarios corruptos, sino una conquista democrática y civilizatoria en el ámbito del Derecho. Es una garantía consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y ha costado siglos de luchas políticas e ideológicas. Por su propia naturaleza es un principio universal que quedaría desvirtuado si se aplicara parcial o selectivamente.
      Por lo demás la presuncíón de inocente poco o nada tiene que ver con lo que usted reclama: la dimisión automástica de un cargo o funcionario público si resulta imputado por algún delito en el ámbito de su responsabilidad. Tiendo a coincidir con usted, pero tengo mis dudas: existen bastantes casos de imputaciones que quedan en nada, por ejemplo, en un archivo. El político o el funcionario ven, generalmente, su carrera arruinada. Tal vez sería más prudente esperar a una acusación motivada y la apertura de un procesamiento para reclamar la dimisión. Aunque a usted parece bastarle que a alguien le imputen un delito de pederastia para que todo esté claro. ¿Ha leído usted Raval, el libro de Arcadi Espada, un magífico y aterrador reportaje que explica cómo se crea una red de pederastas desde el morbo de los medios de comunicación y los intereses corporativos de una policía abusiva? Se lo recomiendo vivamente.


    1. gus dice:

      Pues cómo ha cambiado la cosa. En las facultades de derecho enseñaban que era una garantía procesal, y como tal obliga a los actores del proceso, no recuerdo ninguna clase de efecto “erga omnes” (frente a todos). Yo no lo soy, luego no se en qué puede obligarme. Puedo tener la convicción de que un sinvergüenza es un sinvergüenza y puedo manifestarlo. Si no le gusta y me lleva al juzgado ya es otro asunto, y otros preceptos legales (205 C.Penal).


    1. gus dice:

      La idea es que en según que cosas nos la cogemos con papel de fumar. Si las garantías procesales nacieron con la idea de proteger al ciudadano de la arbitrariedad del poder pero acaban protegiendo a ese poder arbitrario del control del ciudadano o, llevándolo al extremo, blindándolo y facilitando su impunidad (no me refiero a este caso concreto) igual la ciencia jurídico-constitucional necesita un repasito y un albeo. Porque no me digan que no han tenido nunca esa “sensación” en estos últimos y constitucionales 31 años.


    1. Juan Solo dice:

      Don A Gonzalez Jerez. Estoy totalmente de acuerdo de que la presunción de inocencia es una conquista de la civilización. Pero, con la mano en el corazón, intente hacer un ejercicio de imaginación.. ¿Estaría usted tranquilo dejando a un hijo suyo a cargo de alguien acusado de pederasta? ¿y sabiendo que su hija esta con un presunto violador?..
      No quiero quitarle valor ni importancia al derecho de presunción de inocencia, pero pienso que el sentido común es una ley natural que está bastante por encima.
      Otra cosa que pienso es que la carrera política NO es un derecho fundamental, yo lo veo más como una situación temporal de servicio a la comunidad. Y ante la duda, entre un presunto corrupto y alguien sin antecedentes…. lo tengo claro.
      Desconozco el momento adecuado en el tiempo que transcurre entre una denuncia y una sentencia para aplicar la ley de la “patada en el culo al presunto”. No es mi campo y desconozco como funciona el asunto, aunque pienso que debería ser bastante rápido.
      Otro tema es el aforamiento ¿que sentido tiene?.


    1. Alfonso Gonzalez Jerez dice:

      Señor Solo:
      Como dije en mi anterior post, tengo dudas sobre cusndo es exigible la dimisiòn de un cargo público al incoarse una denuncia o una querella.Imsgino que conoce usted la diferencia entre estar imputado y estar acusado. Es muy sustancial. En este país, ahora mismo, hay unas 35.000 personas imputadas por diversos delitos, según el Consejo General del Poder Judicial. Delitos como robo, estafa, asesinato, agresiones, calumnias. Un amplio muestrario de diversa gravedad. ¿Usted los recluiría preventivamente a todos? ¿Les expulsaría de sus puestos de trabajo? Bueno, son preguntas retoricas, porque aun no están acusados de nada, e incluso cuando lo estén, siguen teniendo a su favor la presunción de inocencia. Y asi debe ser.
      Hace unos años se persiguió por los tribunales a sangre y fuego a un político, el socialista Carmelo Padrón, imputado y procesado por un supuesto delito de prevaricación. Quince años transcurrieron hasta que el Supremo aclaró que no había existido tal delito. Fueron quince años durante los que los impulsores de la demanda consiguieron su objetivo: neutralizar políticamente a Padrón, dañar a su partido y excluirlo de la vida pública. Le aseguro que en España no es un caso excepcional.
      El aforamiento: también forma parte de las garantías jurídicas de un Estado democrático. No todos los políticos están aforados: solo los cargos electos. A usted le puede parecer, de nuevo, un privilegio indebido, yo creo que es aun un mecanismo disuasorio necesario. El que ha impedido, por ejemplo, que varias organizaciones de extrema derecha quisieran, en la legislatura pasada, denunciar y procesar a diputados de IU . También entorpece, y sobre todo relentizadas, algunas investigaciones judiciales sobre casos de corrupción. Pero no las elimina ni es un farallón inexpugnable para ningún juez.


    1. Lagarto dice:

      Don Juan Solo y don Alfonso González: en mi opinión, los dos tienen razón.

      Por supuesto que la presunción de inocencia es una conquista en el ámbito de las libertades y el derecho, y que su falta provoca la acusación y la condena discrecional donde lo que hay que probar es la inocencia y no la culpabilidad. Pero también es cierto que cuando un juez imputa a alguien lo hace en base a evidencias claras de delito, por lo que es razonable (al menos) la cautela a la que se refiere don Juan Solo.

      El problema está, creo yo, en la lentitud de la justicia. Lo que no es de recibo es que se tarden 15 años para dirimir la inocencia o la culpabilidad de un imputado. La tardanza en la resolución de los conflictos judiciales es el mayor enemigo de la propia justicia, porque (como bien dice don Alfonso con el caso de Carmelo Padrón) perpetúa en el tiempo la sombra de la sospecha de los cargos públicos y genera una inseguridad social hacia las instituciones que presiden, alarmante hasta el punto que la ciudadanía deja de creer en ellas.

      Mientras tanto, los partidos políticos utilizan las imputaciones del contrario como mérito propio, sabedores de que sea cual sea la sentencia, no les alcanzará en su ciclo político. Se fanatizan al tiempo las hinchadas de ambos bandos, florecen los juicios paralelos en la prensa, se vota a A para castigar a B…

      Y todo eso mientras los expedientes judiciales enmohecen en el juzgado. ¿Es que acaso no hay término medio entre el juicio sumarísimo de antaño y el eterno de ahora?

      Saludos.




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