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Los periodistas que no amaban mucho a los lectores

15/08/2015 14:40

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Golifiando por el digital Canariasenhora.com, me topo con esta entrada en el blog del periodista grancanario Pedro Guerra, titulada El alcalde que amaba a los periodistas, con el atrayente subtítulo “De cuando Miguel Zerolo, ex alcalde de Santa Cruz de Tenerife, me citó en su despacho para “tener una conversación”.

“Oh, las tripas del periodismo político”, me digo, presa de gran ilusión, “esas cañerías que normalmente no nos son dadas a atisbar”. Por fin un periodista va a revelarnos las interioridades del poder en su relación con los medios.

O algo.

El post relata una cita en 2011 entre Miguel Zerolo, entonces alcalde de Santa Cruz, y Pedro Guerra, entonces periodista en La Provincia, en pleno apogeo periodístico del caso “Las Teresitas”, del que Guerra era puntual informador, cosa que, hay que decirlo, se agradece porque en Tenerife era una tema del que no se hablaba como se debía. Recuerden, por ejemplo, que el Yayo aún estaba entre nosotros dirigiendo El Día con su firme mano senil.

Zerolo queda con Guerra en su despacho de alcaldía (quedar en sede oficial ya se hacía en Tenerife antes de que Fernández Díaz lo convirtiera en mainstream) para darle su versión de los hechos al periodista. Hasta ahí todo normal. No parece muy descabellado que una de las partes afectadas por una información tenga interés en ofrecer su punto de vista. Hasta Zerolo tiene derecho a eso.

Una vez ubicado el contexto, vamos al post. Ignoro si existe una intención subyacente de hacer pasar este encuentro por algo más turbio de lo que realmente fue, pero si no la hay, lo parece.

Durante esa primera media hora, con el jefe de prensa tomando nota de toda la conversación, se creó un clima bastante agradable. Incluso me invitó a café, todo un gesto de cortesía teniendo en cuenta que venía de otra isla.

¿Perdón? ¿Cómo fue eso? ¿Es que en Tenerife está prohibido o socialmente castigado invitar a café a alguien que viene de Gran Canaria? ¿Es que si lo haces te cosen una “T” de traidor a la ropa y te señalan por la calle?

[SPOILER ALERT DE JUEGO DE TRONOS]


Cersei Lannister sale de su casa en el barrio de La Salud tras haber invitado a un barraquito a una amiga suya de Agaete, increpada por vecinos y transeúntes

Sin dejarse seducir por el detalle del café, la conversación prosigue y pasado un tiempo, el jefe de prensa deja a solas al alcalde y al periodista, momento que Guerra califica de “punto de inflexión”.

El primer gesto que hizo Zerolo una vez ‘a solas’ lo recordaré el resto de mi vida.

¡¡Santo Dios, qué intriga, qué suspense!! ¿Qué puede haber hecho Miguel Zerolo que ha quedado grabado a fuego en la memoria del periodista? ¿Acaso ha puesto sobre la mesa un sobre repleto de billetes mientras guiña picaruelo un ojito? ¿Quizás ha abierto una gaveta, ha sacado un gato y lo acaricia mientras le hace al periodista “una oferta que no podrá rechazar”? ¿Puede ser que Miguel se haya sacado la chorra y esté ejecutando un molinete sevillano? ¡Necesito saber qué pasó!

Separó el confortable sillón de piel de su despacho, se puso en posición cómoda y colocó los pies sobre la mesa.

¡¡Oh Dios Mío, eso es… eso es… eso es tan… ANODINO!!

Es una forma de generar expectación tan chusca y lamentable, sobre todo en relación a la realidad que describe, que no puedo evitar que Pedro Guerra me recuerde a esto:

Y el post continúa con un clásico: el “me hago el interesante, pero no porque me lo haga sino porque lo soy”:

Comenzó entonces otra conversación que se prolongó por espacio de dos horas y de la que, en realidad, prefiero guardarme su contenido. Al menos por el momento.

Y queda el remate, porque ningún relato está completo sin frase lapidaria:

“Algún día me contarás de donde sacas todas la información que publicas”, me dijo, pero creo que con mi respuesta no le quedó un ápice de duda: “Después de dos horas y media de conversación pensaba que ya podría deducir que eso no se lo voy a contar jamás”.

Esa última frase gana mucho si le pones la voz de Constantino Romero. Es la única forma de que este post tenga un fisco de interés, después de haberme pasado ocho párrafos leyendo que Pedro Guerra habló con Zerolo en su despacho, se tomó un café y vio cómo Zerolo ponía los pies encima de la mesa.

Claramente, ahora veo el caso Las Teresitas desde otra dimensión. La del dato prescindible.

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Comentarios [1]

    1. Arretranco dice:

      Muy buen artículo Perplejita. De todas maneras, pienso que si bien el hecho de que el alcalde pusiera los pies encima de la mesa no arroja mucha luz sobre el caso, sí ilumina bastante bien al personaje. Como mínimo, un ordinario.




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