Que los servicios de emergencias se aburran en nuestra isla, concretamente en la capital, es bueno. Significa que la tranquilidad es dueña de nuestro ambiente, y que no está sucediendo nada grave.
¿Cómo saber si se aburren o no? Cuando hay un pequeño aviso, y ¡venga!, “vamos to’s pa’llá”.
Aún no he visto las noticias, pues acaba de suceder y ya darán los detalles, pero lo que se ha comentado la calle es la gran exageración de medios que se dieron cita no llega a un par de horas en la confluencia de Mesa y López con Paseo de Chil. Un cortocircuito tuvo la culpa. Mucho humo y poco fuego, y desalojo de vecinos incluido. Eso sí, se trasladaron hasta allí nada menos que la casi totalidad de la dotación de bomberos de la capital y más de 15 ambulancias (que yo las conté, que estuve allí). Más curiosos que otra cosa, y la mañana hecha para los jubilados, que por supuesto fueron mi más fiable fuente de información.
Al llegar y ver tal despliegue de medios, bien parecía que el edificio se había venido abajo, pero no. Incluso llegué a observar a dos bomberos en lo alto de las escaleras de su camión, hablando desenfadadamente con los vecinos del tercer piso, éstos con cámara de fotos en mano.
Lo que digo, exagerado, pero se agradece que ahí estén. Espectacular, pero te hace pensar que ahí estarán cuando realmente ocurra algo grave o aparatoso, no lo quiera nadie.
Bien por el aburrimiento de nuestros servicios de emergencia.