La temporadita de videoclips de la tierra viene como el café de máquina: cargadito y a priori poco apetecible, pero te lo tomas igual y hasta te acaba enganchando.
Asimilado el huracán Hermanos Chavez, hoy toca enfrentarse a las penas que azotan a Manuel Dorta, que nos las canta en su tema “Te gusta”.
El quid del video es que Manuel Dorta no comprende que la piba ya no le quiere. Y mira que ella se lo dice bien clarito, hablando despacio. A él parece que le entra por un oído y le sale por el otro, así sobre la marcha; pero ella ha tomado una determinación muy firme. Por más que él le regale flores en el jardín de un chalet, que le coma la oreja dentro del citado chalet o que le cante ante miles de personas en una fiesta en la que el respetable baila despreocupado y ajeno a este culebrón, ella sigue anclada con fuerza en su negativa. La cual es más que comprensible viendo el estilismo del señor Dorta, con la camisa medio desabotonada por fuera de la solapa de la chaqueta. Pasarse la vida de verbena en verbena irremisiblemente nos lleva a asumir esta estética con tanta naturalidad; agradezcamos al señor Dorta que nos eduque con su ejemplo.
Manolo ahoga patéticamente sus penas en un bar, faltaba más, y se empecina con esta muchacha en lugar de seguir hacia delante con su vida. En el minuto 1:23 hay un primer plano gratuito del escote de la joven con el que quizás el realizador quiso darnos a entender, de forma sutil y subliminal, por qué Manolo se obstina de tan cansina manera. El cantante se siente tan frustrado que hasta en dos ocasiones golpea con los puños una inocente barandilla.
Mi consejo para la piba es que vaya pidiendo una orden de alejamiento y buscando casa en otro municipio.
Con mis sinceras disculpas a Lagarto, quien a buen seguro entenderá que no puedo dejar pasar esto por alto.
Acojona su capacidad para los ripios. Atención a las rimas consonantes:
techo-pecho
vista-insistas.
Tremendo chozo tiene el muchacho, quizá sea el típico albañil que a golpe de poner bloques terminó siendo contratista, se hizo su negocio y levantó el impresionante chabolo.
No olvidemos el dicho popular que dice que “el verdadero amor no se compra con dinero”, que alguien se lo explique.