Nunca había ido a la ópera. ¡Y mira que me gusta la música! Pero sólo había acudido a ver alguna zarzuela al Pérez Galdós… y ni comparación, por supuesto, que nadie se lleve las manos a la cabeza.
La ópera no es barata, pero por 10 euros puedes estar en los cielos (del auditorio Alfredo Kraus), y por un poquillo más llegas a 2º anfiteatro, que fue mi caso. Lo mejor de estar en alto es noveleriar a las señoras y caballeros “típicos operísticos”. Ya me habían dicho que fuera sacando los diamantes y las pieles, jeje, pero allí había de todo. ¡Claro que no era la noche del estreno!
El caso es que el no haber ido nunca a la ópera y tener muchas ganas, que coincidiera con los días cercanos a mi cumpleaños y, sobre todo, la presencia se Ainoha Arteta me animaron a conseguir un par de entradas (y mira que fue difícil). ¡¡Pero mereció la pena!!
Conocía la historia de La Boheme, pero me harté a llorar en todo el primer acto. Ainoha no canta bien, no, ¡qué va! (sutil ironía con la que me expreso). Su voz te eleva, y literalmente además, porque yo aguantaba la respiración cuando ella abría la boca. Es lo más impresionante que he escuchado en mi vida… y he escuchado mucho, aunque no voces líricas. Pero es que las palabras que se me ocurran para esta mujer no se acercarán a las maravillas que me gustaría expresar. ¡Qué...uff, no puedo! Sólo de recordarlo… Su voz y su entrega en el escenario fueron apabullantes para mí. No esperaba que me emocionara tanto. Me he enamorado de su voz y de la ópera en general.
Y por supuesto, dedicar unas palabras al resto del reparto, que fueron maravillosos, impresionantes, alucinantes, ¡qué voces, Dios mío! La puesta en escena fue magnífica y las manos dolían de tanto aplaudir al final.
Menos mal que La Boheme es una ópera corta, porque si llega a durar más me deshidrato de tanta emoción.
Ha sido mi primera vez, pero desde luego no será la última. Lástima que las entradas para La Traviata estén ya más que agotadas.
A mi no me han educado en entender la ópera, pero el año pasado la Universidad estrenó una iniciativa que consistía en que por 40 y pocos euros, 100 estudiantes podíamos ir a algunos conciertos del Festival de Música de Canarias (entre 7 y 10, no recuerdo bien).
Coincidió una ópera de Mozarte…Yo flipé! el montaje, el sentimiento, la coral…fue brutal. Desde entonces le tengo algo de respeto a este género tan incomprendido.