Gracias a un farmacéutico de Santa Cruz, que trabajó hasta altas horas de la madrugada reformulando el medicamento se pudieron administrar las dosis pertinentes para todos aquellos que estuvieron en contacto con la niña fallecida.
Esto lo cuenta sin rubor Mercedes Roldós, Consejera de Sanidad, a los medios, después de saberse que un medicamento que debe ser administrado en una patología contagiosa que hubiera provocado la muerte a muchos niños tras fallecer una de sus compañeras de guardería, carecía de existencias en toda la provincia occidental y hubo que traer desde la oriental, pero no con la suficiente premura.
Rompo una lanza por Roldós y los farmacéuticos, y sabe dios que no soy fan de Roldós precisamente: el medicamento es para una infección muy rara y que no se da con frecuencia. Por lo tanto, pretender que las farmacias tengan en stock un medicamento como ese en grandes cantidades (el medicamento es raro, pero incluso es más rara la versión infantil que hacía falta) es como pretender que todas las farmacias tengan doscientas dosis de la vacuna contra el dengue.
La reformulación se refiere, precisamente a que ese farmacéutico de Santa Cruz (ole y ole por el) cogió el medicamento en versión para adulto y lo reformuló para que la dosis sirviera para niños.
Si hubiera sido más grave el asunto, Madrid está a dos horas y media de avión.