Es que es un post un poco variado, y me ha quedado un batiburrilo como los discos que hacía Luis Cobos.
Como recordarán, en pleno éxtasis pactista, Cristina Tavío sugirió la construcción de canchas deportivas para entretener a los parados, y de ellos dimos cumplida cuenta en este weblog, al tiempo que nos lamentábamos porque no existiera audio de tan tremendo momento, páralo Paul.
Pero héte aquí que uno de nuestros lectores, siempre al quite ellos, nos ha hecho llegar el corte de audio, con el que Don Consultor, muy amablemente, hizo este video y lo colgó en Youtube:
Queda constancia, pues, del arrebato de Cristina y de la rechifla general que provocó.
Más cosas. En nuestro muro de Facebook (¡¡apresúrese a hacerse fan pinchando aquí!!), los amigos de Potaje de Berros nos dejaron este enlace y esta inquietante constatación:
Visitar la web de eldia.es puede infectarte el ordenador con un virus
No se especifica qué virus: si el del anticolonialismo súbito y feroz, el del gusto por el castellano correcto y apropiado, el del pelazo peytaviano… Por si acaso, no pinchen sin vacunarse.
Y en torno a El Día gira la última parte de este post. En la primera parte del editorial de hoy, Un antitinerfeño y una antipatriota (la segunda parte es la ración diaria de palos a Ana Oramas, qué furibundo puede ser el desamor), el señor Burns se despacha contra alguien que ha escrito algo, en temerario uso de su libertad, que no termina de gustar a este prócer de la patria:
En este punto, y respecto a la herencia de los guanches, decimos que dentro de unos días nos ocuparemos con más detalle de un antitinerfeño y antiguanche. (…) No se puede denostar la memoria de los aborígenes de estas Islas en la forma en que él lo ha hecho, en un artículo en el que habla de canariedad construida o de nacionalistas nostálgicos que mencionan a los guanches sólo por romanticismo. Ha llegado a dudar de la belleza de las mujeres guanches; hasta ese punto ha llegado este antipatriota. En realidad, esta persona no sabe lo que ha escrito. Gente como él no debe convivir entre nosotros. En cualquier caso, como decimos, volveremos a analizar línea por línea su infame artículo.
¿Hasta qué punto puede uno ser endófobo, perverso, malvado y ruin, como para poner en duda que las guanches lo petaban en la pasarela Aborigins Fashion Week? ¿Cómo se puede dudar de que las mujeres guanches eran pibones extraordinarios cuando hay tantas fotos que lo demues… oh wait? Por suerte, el Yayo nos deja claro que personas capaces de poner en duda algo tan probado y requeteprobado como la belleza femenina de nuestros antepasados no deben convivir entre nosotros. Existe otra alternativa que es tomarse la medicación, pero creo que ésa ni siquiera la contempla.
“Yayo, Yayo-Man, I want to be a Yayo-Man…” (esto es una tontería musical que no se justifica).
Gracias a Don Consultor, a Job y a Tanausú


Lo del cartel de peligro es verdad. Lo sufrí. El antivirus, el antiespías y hasta el firewall, saltaban cada vez que intentaba conectar con esa fuente docrional y patriótica. O sea que era verdad que la hoja parroquial estaba bichada. Aunque siempre lo ha estado.
El resto del eitorial de turno, los mismos disparates que soltaba un energúmeno por aquí.
Lo de la belleza guanchesca, pues eso, que está chiflado. Vete a saber si estaban tremendas o eran unos espantapájaros. Las fotos se perdieron. Dentro de poco decir algo que rebaje un pelo la excelencia de la raza guanchesca será delito de pena capital. Juegos de psiquiátrico.