A Yunaisi no le dio tiempo a casi nada en esta vida. No le dio tiempo a aprender a hablar, a gatear, a sentarse solita o a sujetarse su propio biberón. Sin embargo, tuvo tiempo de sobra para llorar de puro dolor, para saber que lo de comer varias veces al dÃa era un lujo reservado a otros bebés, o para darse cuenta de que quienes tenÃan que protegerla y cuidarla dedicaban su energÃa a esfuerzos más nobles como jugar a la Play o liarse canutos.
Yunaisi murió apaleada con seis meses, sin haber sido registrada siquiera ante la Administración, desnutrida, con signos obvios de malos tratos y sin haber visitado nunca al pediatra. Una niña en manos de dos niñatos, como tantos otros niños que nacen cada dÃa en Canarias de madres y padres que apenas tienen la madurez mental y emocional suficiente como para entender en lo que se han metido, y en familias para las que la palabra “desestructurada” no es bastante definición.
A nadie le importó Yunaisi (de hecho, ponerle Yunaisi a un hijo ya es, en mi opinión, indicio de hasta qué punto te importa el bienestar de la criatura: ni siquiera has sido capaz de ponerle un nombre de persona). Estos dÃas se juzgaba en Las Palmas a la mujer que la parió (madre no la pienso llamar) y al ex compañero de ésta, que ya han pasado dos años en prisión provisional; los forenses acreditaban que las marcas de mordiscos que presentaba el bebé coincidÃan con la dentadura de esa mujer (Inmaculada), y que además la niña tenÃa varias costillas rotas. Inmaculada, en un acto de maternal generosidad, culpó de esto a su otra hija, unos años mayor que la bebé.

La madre del año
En un giro de guión tan insospechado como sospechoso, el hermano del ex novio de esta tipa se ha inculpado [abro corchetes para protestar por el abuso de la expresión “se ha autoinculpado”: cuando uno “se inculpa” por defecto “se inculpa a sà mismo”, no puedes “autoinculpar” a otro, ¿verdad?] de haber causado la muerte a la niña al dejarla caer de sus brazos cuando fue a mecerla porque sus continuos llantos (quizás le dolÃan esas costillas rotas) no le dejaban dormir.

“Igual la maté yo”, son palabras textuales de aquà el amigo
Para terminar de pintar el cuadro de la marginalidad más absoluta, cabe recordar que el padre biológico de la niña se suicidó en el centro de menores en el que estaba internado en Gran Canaria, meses después de haber enterrado a su hija.
El caso es que Inmaculada y Yeray, los dos acusados, están en libertad porque parece ser que el periodo de prisión que ya han cumplido cubre lo que serÃa su condena por maltrato, y me falta saber (la prensa no lo especifica) si le devolverán a Inmaculada la custodia de su hija mayor.
Tengo una ahijada que ahora es un poquito mayor que Yunaisi cuando murió. Cuando miro sus fotos o la escucho a través del teléfono (por desgracia la tengo lejos), no dejo de preguntarme cómo puede haber gente capaz de hacerle daño a algo tan frágil y tan pequeñito.
Ambientes marginales, inmadurez, falta de educación y formación… pocas Yunaisis tenemos en Canarias para lo sobrados que andamos de todo eso.


La verdad me cuesta entender que, por muy niñatos que sean estas no-personas (no encuentro otra manera mejor de llamarlos sin recurrir a un merecido insulto), sean capaces de maltratar y asesinar a un bebe de seis meses. Por mucho que uno lo piense y trate de entender que lleva a alguien a cometer semejante barbarie, hay cosas que no tienen explicación.
Como tampoco lo tiene que 2 años en prisión sean suficiente condena para esta atrocidad.
Perplejita, Yunaisi no es un nombre muy bonito, pero para mà a partir de ahora, es el más bonito de todos. Gracias por este artÃculo.