No me refiero a éste, su weblog de confianza. Me refiero a la sociedad. Ay, qué tÃtulo más tramposo.
La sociedad necesita periodistas. Ahora mismo, las empresas los consideran prescindibles, a juzgar por el creciente número de despidos (no daré nombres, pero en ciertas cabeceras que antes eran super-falangistas y que ahora lo siguen siendo pero que a la vez apuestan por la independencia, y no me tiren más de la lengua, se comenta que a la gente la están poniendo en la calle de muy mala manera). En algunos rotativos, los ERE son públicos y notorios, como es el caso de La Opinión de Tenerife, que no está teniendo compasión ni con periodistas que estaban allà cuando el periódico se fundó.
El sábado pasado, 300 periodistas se manifestaron en Santa Cruz, en defensa de su puesto de trabajo y de algo más, de la valoración social que su trabajo merece, del reconocimiento de las dificultades de ejercer su oficio y su labor en un microcosmos como el canario, donde no siempre conviene hablar de lo que hay que hablar. Donde se te amenaza si hablas de las corruptelas en Arona. Donde empiezas a indagar en lo que apesta del Parque MarÃtimo que no es el Lazareto y te cambian fulminantemente de sección.
El periodismo en Canarias, el de verdad, tiene un punto heroico que no deberÃamos despreciar. No hablo de los que cobran a tanto la columna, de los mercenarios que cambian de opinión según les parezca. Hablo de los que patean a pie de calle buscando una historia que nos haga el mundo más accesible, de los que aguantan ruedas de prensa infumables y son señalados a poco que hagan una pregunta incómoda.
La sociedad necesita más y mejor prensa. Como debate, esto trasciende los lÃmites de CanariasBruta, de modo que les enlazo el artÃculo de González Jérez de este fin de semana (don Alfonso nos perdonará la licencia).

La prensa, de manifa


Qué bonito, Perple. Ahora, espacio para los comentarios del tipo: “Este trabajo no es tan diferente del de los albañiles, que las están pasando canutas”, con lo que a partir de ahora, la calificación de ladrillo para ciertos columnistas serÃa más pintiparada que nunca. O: “También otros colectivos lo pasan mal y no se hace nada”, cuando por una vez este colectivo, que tiene por costumbre pasarlo mal como parte del trabajo, es el que hace algo por sà mismo.