LA NACIÓN es un proyecto común de una etnia orientado hacia el futuro. En Canarias existe esa etnia heredera del pueblo africano que la habitó desde hace unos tres mil años, y que todos los esfuerzos del colonialismo, hace más de seis siglos, no han podido acabar con ella, a pesar del mestizaje continuo y las estructuras coloniales importadas. Las teorías modernas de los estudios genéticos poblacionales sobre Canarias demuestran la persistencia de los haploides mitocondriales del ADN de las madres guanches, que subsisten en las islas y garantizan la etnia ancestral para ser parte del carácter de la próxima nación en gestación, que pronto nacerá para incorporarse al conjunto de naciones libres del mundo.
De nuevo en El Día de ayer, don Antonio Cubillo, siempre gozoso y ocurrente, nos sorprende con sus argumentos en pro de una Canarias libérrima y archipielágica, esta vez dándonos por toda la biología.
Confieso que mis conocimientos en esta materia son ínfimos, por no decir nulos. No tengo ni idea de lo que son los haploides mitocondriales (ay, cuán vasta es mi ignorancia, reconózcolo) ni sé de qué los tengo rellenos. Pero me pregunto, porque siempre me pregunto, al menos una cosa. ¿Cuántos guanches había (y cuando digo guanches me refiero sólo a los aborígenes de Tenerife) en el momento de la conquista, como para que después de sus muertes en combate o por enfermedad, su deportación fuera de las Islas y el paso (con erótico resultado de sabroso mestizaje) por esta tierra de cinco siglos de holandeses, ingleses, portugueses, franceses, italianos, americanos y africanos, todavía quede presuntamente un rastro tan fuerte de ADN indígena en los canarios de hoy?

Asín de grandes tengo los mitocondriales
Ni el doctor Mengele lo hubiera explicado mejor.