Ños, qué atraco
No, no es lo que uno exclama cuando revisa la cuenta del super en estos tiempos que corren. Es lo que ha acontecido en el Hiperdino de Miramar, establecimiento que me es bastante conocido, y que lleva varios atracos en los últimos meses. El último atraco ha sido un tanto rocambolesco, tal y como se describe en esta información de La Opinión de Tenerife:
Los hechos tuvieron lugar sobre las 13:45 horas de ayer, cuando José Felipe P.A., de 42 años de edad, se personó en el mencionado centro comercial y tras acercarse a la cajera la intimidó con el arma blanca al tiempo que le decía: “no grites, no digas nada”, “dame el dinero”.
La empleada llena del pánico hizo entrega del dinero que en esos momentos había en la caja y que ascendía a la mencionada cantidad.
Sin embargo, la vigilante, una mujer de 45 años y con quince de experiencia profesional, observó la cara de pánico de la cajera, por lo que dedujo que allí pasaba algo.
Tras aproximarse a ésta observó cómo el individuo cubría su cabeza con una capucha y una media al tiempo que se guardaba en un bolsillo el dinero y en el otro el arma blanca.
Minutos después, emprendió veloz huida mientras era seguido por la vigilante que defensa en mano, según los testigos presenciales, le gritaba que se detuviese.
José Felipe P.A., lejos de obedecer se quitó la media e intimidó a la vigilante con el arma blanca, mientras seguía su alocada carrera.
En un momento determinado saltó un muro de unos cuatro metros de altura y esperó agazapado a la vigilante que se enfrentó con el delincuente al que finalmente pudo reducir y colocar los grilletes.
Señalar que durante los quinientos metros que duró la persecución, la madre del delincuente que se encontraba asomada a la ventana de su domicilio iba arrojando diversas piezas de cocina, mientras algunos vecinos se arremolinaban e increpaban a la vigilante para que dejase en libertad al ladrón.
José Felipe P.A., sólo clamaba por su dosis de metadona.
Dos jóvenes clientes que presenciaron los hechos salieron en ayuda de la vigilante, lo que evitó males mayores.
Vamos a ver varios detalles. Yo no lo llamaría centro comercial. Es un supermercado de barrio, donde trabaja mucha buena gente que siempre atiende a mi madre con amabilidad, pero ‘centro comercial’ le viene grande.
“La empleada llena del pánico”. O esto se escribió con notorio desatendimiento, o se transcribió tal cual del comunicado policial.
José Felipe se cubrió la cara con una media y una capucha, ¿cuándo? ¿Cuando empezó oficialmente a atracar? ¿Cuando vio que la vigilante se acercaba hasta él? ¿Por qué una media y una capucha? ¿Por si fallaba alguna?
“Señalar que…” no es manera de empezar un párrafo. Llámenme purista, pero de chica me enseñaron que las frases necesitan verbos en forma personal.
Atentos todos a la madre que cuida de su retoño incluso cuando éste delinque. José Felipe fue a robar al super, lo normal, y su madre estaba pendiente de todo desde la ventana, presta a lanzar piezas de cocina a cualquier malandrín que quisiera poner impedimentos a los esfuerzos criminales de su hijo. Asimismo los vecinos, en alarde de solidaridad, increparon a la vigilante y salieron en defensa de José Felipe, el cual, viendo frustradas sus aspiraciones de latrocinio, clamaba por una dosis de metadona.
Conozco mucha gente de Miramar que no delinque y que se gana la vida con honradez; quiero dejarlo claro para que nadie diga que voy estereotipando.
Enhorabuena a esa eficiente profesional de la seguridad privada que cumplió con su trabajo.

Aunque no le cambie la cara, el Dino está acojonado
Estimada Perplejita me hallo, sin discrepar en cuanto a que este artículo pueda estar redactado de una forma un poco extraña, yo personalmente no creo que el artículo incite a pensar que todos los que viven en Miramar son unos chusmas.
El que la madre tirase cosas a la segurita mientras su hijo robaba, y que hubiera gente que quisiera ayudar al ladrón es lamentable, eso está claro, pero no creo que sea un reflejo de la totalidad de las personas que se mueven por allí, sí es reflejo de que los sujetos envueltos en este asunto eran gente un tanto rara, y la madre manda huevos, pero no creo que haya nada más.
A lo mejor soy yo que no tiendo a generalizar por una noticia que leo en el periódico, pero bueno yo creo que no hay peligro de que se generalice a todos los habitantes de Miramar la conducta lamentable de unos cuantos.