Era el año 1977, y se convocaba una cantidad ingente de plazas para Magisterio. ¿Consecuencia? Un gran número de maestros del resto del territorio español llegan a Canarias para realizar la oposición, provocando las iras de muchos maestros canarios, y sobre todo del STEC. Según ellos, tienen que proteger a los maestros canarios, y evitar que tengan que “emigrar” a otras tierras españolas a trabajar. El resultado fue el boicot a las oposiciones, que llevaron a cabo de una forma muy “particular”. Mientras, una joven maestra (aún faltaba para que cumpliera los 30 años) ha preparado su oposición durante todo el año, sacrificando incluso tiempo que pasar con sus dos hijos pequeños, que pasan al cuidado del padre.
Llega el día del examen, y le ha tocado en el “Calvo Sotelo”. En el fondo, ha tenido suerte, ya que por su situación, el Centro está protegido de forma “natural”, pues linda con lo que es ahora el Parque de Las Rehoyas, antes conocido también como “los paracaidistas”. Por ello, los boicoteadores sólo pueden actuar en la puerta principal, protegida por la policía. Gracias a estos, puede entrar, en medio de gritos e insultos. En la clase le advierten que se aleje de las ventanas, por lo que pueda pasar, y un policía se queda con los opositores para su protección. Les da a elegir entre estar allí con ellos o quedarse fuera, en la puerta del aula (no puedo ni imaginar el estado de nervios en que estaban, entre el examen, los gritos, todo el follón, la policía…)
En otros centros, como el “Isabel de Hungría” lograron impedir el acceso de los que deseaban examinarse. Por lo visto, además pretendían hacerse con los exámenes, para así tener la posibilidad de impugnar los exámenes que se llevaran a cabo. No salió bien la jugada, pues otro examen aguardaba bien protegido, y fue realizado al día siguiente de la convocatoria oficial por los que no pudieron examinarse normalmente. Llegaron a recoger ratones y otros bichos para soltarlos en las aulas; se requisó azufre a algunos e incluso algún que otro artefacto detonador (falso, pero efectivo para asustar) a otros.
Pero volvamos a nuestra joven maestra. En el examen oral, de acceso público, entran al aula algunos de los maestros en contra de la realización de la oposición. Mientras se examinan sus compañeros, se dedican a gritar e insultar, intentado distraerles y que se equivoquen poniéndoles aún más nerviosos. Hay quien incluso, rosario en mano, reza pidiendo ayuda al Poder Divino. Ella, teniendo muy claro lo que desea y no estando dispuesta a echar por la borda tanto tiempo de estudio sólo por un ¡Godos fuera!… aprueba la oposición y se convierte en una gran profesional de la enseñanza.
Y mira por dónde llega el año 2011, y en Canarias no habrá una sola plaza de infantil, primaria o secundaria a oposición. Lo primero que hago es llamar a amigos que están preparando con ahínco hace meses el examen, y lejos de decirme que tiran la toalla, están mirando datos para saber a qué Comunidad o Comunidades Autónomas irán a presentarse. ¡Vaya, vaya! ¡Cómo cambian las cosas! ¿Qué pasaría si los madrileños, por ejemplo, se plantaran y trataran de impedir que maestros de otras comunidades se presentaran a oposición en su territorio? En todos estos años que han pasado ¿ha cambiado la mentalidad a este respecto? Y no únicamente en el campo de la enseñanza, porque aunque ya no se escucha mucho el “Godos fuera”, sí que se oye que son los inmigrantes africanos y sudamericanos los que están “quitando” el trabajo a los canarios.
No lo sé. Lo dejo ahí para la reflexión. Pero eso sí, no quiero terminar sin un último comentario a esa joven que se examinó en 1977 en tan terribles condiciones. Enseñó durante muchos años, y aunque ya se ha jubilado, sigue siendo toda una MAESTRA para quienes la rodean, y con todo orgullo puedo decir… que esa joven es mi madre.


Pues olé por tu madre, porque 15 años más tarde yo vine y aún percibía cierto “resquemor”. ¡No quiero ni imaginarme cómo sería en 1977! Yo vine como militar, y no hacía más que decir que todo el mundo podía presentarse a las oposiciones, y que si no aquí venían más militares canarios era porque no se presentaban o porque no aprobaban. Efectivamente, el odio se ha desplazado hacia los inmigrantes, y aunque se ha tenido mucha manga ancha con ellos, los empresarios (que miran primero por su empresa, como es normal) prefieren contratarlos antes que a los demás: por algo será.
En fín, ¡que hay que ponerse las pilas!