
La vida es el eterno retorno, que decía Nieztche. Es decir, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. O, lo que es lo mismo, se empotra con una guagua contra un tranvía por segunda vez. Fue ayer a las 9 de la mañana, aunque en otra rotonda, debajo de Cruz del Señor.
En este caso el choque coincide maquiavélicamente con un aviso de hulega por parte de los sindicatos de los chóferes de guaguas, que están en frontal desacuerdo con una reordenación de lineas que hará que algunos vecinos tengan que cojer el tranvía por cojones. Además, en cada reunón la reordenación se reordena para intentar contentar a los sindicatos, pues temen despidos o recolocaciones.
Es cierto que hay lineas que, con el tranvía, son redundantes, pero…¿por qué suprimir lineas sin reforzar otras? ¿Es que hay que justificar el juguetito?
como ya dije una vez:“ni será la primera ni la última vez que suceda”