El ex jefe del Gobierno de Canarias, Adán Martín, aspira a ocupar la presidencia de CajaCanarias cuando el cargo sea abandonado por Rodolfo Núñez, pero su candidatura ya ha empezado a ser tiroteada por grupos de presión tinerfeños que tienen su canal de expresión en el periódico El Día y que le acusan de confabularse con Las Palmas para ejecutar una fusión de las dos entidades de ahorro canarias.
Nos lo cuenta hoy La Provincia aunque ya hablábamos hace tiempo de la fusión. Francamente, yo no puedo entender que en Tenerife yo saque dinero de un cajero Euro6000 de La Caja y me cobren comisión y no lo hagan cuando hago la misma operación con Caja Duero en Madrid. La existencia de una caja regional sería un paso más para acabar con la impostura orgánica promovida históricamente por los canariones incapaces de aceptar la capitalidad de Santa Cruz que suponen dos provincias en un archipiélago regido por cabildos. Ahora bien, la propuesta viene por parte de un aspirante que pasa por ser un líder sin fuerza en la búsqueda de un retiro dorado. Alguien que ha demostrado en sus cuatro años de Gobierno poca capacidad de acción y de reacción: no olvidemos que viene de fracasar en su intento de haber repetido, de forma excepcional en la región, como candidato a presidente autonómico. En definitiva, alguien en el que no se puede confiar.
Pero su rival en la lucha tampoco es que sea un santo. Arvelo, el Director General (número 2 ahora y rozando la setentena) está demasiado metido en el asunto de Las Teresitas precisamente ahora que se imponía una transición tranquila para que Ñunez se retirase de forma pacífica, produciendo un relevo natural y provechoso para quien en tantos años le ha hecho el trabajo sucio. Esto es una prueba irrefutable que demasiado cerca de nosotros pero demasiado lejos a la vez, se rigen unas batallas entre los poderes fácticos cuya virulencia soterrada no podemos ni imaginar, pero que puede cambiar el curso de nuestro destino como región. Pónganse en situación: CajaCanarias ha sido artista principal en todo este escándalo de Las Teresitas, pero muy probablemente sus responsables si quedan muy enfangados, salvo sorpresa, en este turbio asunto, le proporcionan un retiro dorado a otro. Y si no quedan manchados, ¿se imaginan que resortes de poder e inmunidad se alcanzan entonces desde la atalaya de la Plaza de Patriotismo?
Veremos que pasa.
Veo que aquí se obvia el fondo principal de la cuestión, cual es que todo un expresidente del Gobierno de Canarias, que tantos desvelos ha sufrido por la felicidad de los canarios, se vea empujado a trabajar para poder completar su, seguramente, modestísima pensión. Esto, en la República de los Cocos, no pasa.