Que yo creo que ese tema no le preocupa a nadie, pero bueno, ya lo dijo el torero: tié que haber gente pa tó.
En otro editorial escrito con exquisito gusto y pulcro respeto a los lectores, A un denunciador en potencia, el Yayo nos hace saber lo siguiente:
Y si la inhabilitación no es contra EL DÍA sino contra José Rodríguez, ¿estamos ante el preludio de la aplicación de una eutanasia? ¿Quieren liquidar al editor y director de EL DÍA porque sus años y el whisky le han hecho perder la cabeza y hay que matarlo? Díganos usted, señor (a partir de ahora no lo citaremos por su nombre mientras no se sustantive la querella que ha anunciado) a qué cabeza de José Rodríguez se refiere. Porque cabezas las hay superiores e inferiores, y el editor de este periódico mantiene bien las dos pese a sus años.
De lo que se deduce que el genitaliado del señor Burns se mantiene potente y despierto pese a que esta situación no es frecuente entre los octo y los nonagenarios. Sin duda, los lectores más fieles de El Día se habrán llevado un alegrón sin igual conociendo este dato. Imaginen que al señor Burns le fallara la virilidad, díganme qué sería del movimiento independentista entonces. ¿Qué gran movimiento histórico ha venido apadrinado por un impotente?
Admito que la redacción del editorial no me deja del todo claro quién es al que hay que matar porque sus años y el whisky le han hecho perder la cabeza: si al director de El Día o al que le quiere poner la querella.
Disculpen que no les haya puesto en situación. Toda esta pataleta viene por una entrevista de Ángel Isidro los tatuadores todos se drogan Guimerá, que antes odiaba a Zerolo pero ahora lo quiere cantidad, presidente de la Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz en sustitución de Ángel Pibe de Ofra Llanos. En esta entrevista, publicada en Diario de Avisos, Ángel Isidro se expresaba en estos términos:
Usted fue un defensor de que la bandera española estuviera en Ajuria Enea, ¿entiende lo que está pasando en Canarias con el independentismo?
“Yo escribía un artículo en El Día todos los domingos hasta que puse que Canarias es España, y eso me costó que me llamaran neonazi en un editorial. Eso no se lo consiento a nadie y voy a ponerle una querella a José Rodríguez y a El Día por injurias y pediré su inhabilitación”.
Todos sabemos que el Yayo y sus alegres mariachis mamporreros lleva muy mal que se le contradiga o que siquiera se le intente hacer ver la realidad. A falta de argumentos, don Pepito Indigesto ha recurrido a la grosería y la zafiedad, que las domina como nadie, y al gangsterismo de guachinche de tercera:
Denuncias que pueden volverse en réplicas o descalificaciones bien justificadas no únicamente por comportamientos políticos, sino incluso también por actitudes profesionales de la docencia que se tambalean por los pasillos, con cierto tufo a whisky, antes de empezar a impartir clase. Estos comportamientos sí que merecen una inhabilitación. Ya diremos dentro y fuera del juzgado lo que debemos decir sobre este personaje.
Decimos neonazi porque los nazis ya han muerto casi todos, salvo alguno que quede suelto por ahí, o se haya reencarnado, o sea heredero de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, partido de triste recuerdo para esta Casa en el que militaba, vestido con camisa azul mahón, pantalón negro y correaje, el padre de nuestro “inhabilitador”, gran persona, el padre.
¿En qué quedamos? ¿El padre de Ángel Isidro era buena gente o no? ¿O sólo a ratos? ¿Ven por lo que es tan útil usar el patentado método canariobrutense de añadir Ironic Mode On / Off? No da pie a confusiones.
En otro alarde de literatura fina, el señor Burns acuña un nuevo insulto para Ángel Isidro, que a buen seguro se hará popular por todo Tenerife:
Usted es, simplemente, un “mataguanches”, y que nuestros antepasados se jodan.
Pero como siempre queda sitio para la esperanza. La última frase del editorial nos da una clave muy saludable:
De algunos disparates es mejor reírse.
Job, gracias por el toque
Charlie, mis disculpas. En mi descargo he de decir que prácticamente no he hablado del Yayo desde la portada apoteósica, y de eso hace casi un mes. En la clínica de desintoxicación no hacen más que ponerme positivos y “progresa adecuadamente”.


Nada, cosas de familia. Vaya una diarrea mental de editorial. De todas formas, el estilo tabernario y grosero a estas alturas ya no asombra. Es la sintonía de la casa, lo mismo que el ajustar cuentas con sus anónimos enemigos y el constante autobombo.
Lo de mataguanches, lo apunto para la lista del consejo de ancianos. Por su edad, debo decir, que no creo que Angel Isidro matara a ninguno.