No voy a hacer causa común con las feministas, porque sÃ. Yo hace años que no me subo a un ascensor con una mujer sola, que sea desconocida. Me lo sugirió un amigo periodista de Madrid, que sabe mucho de trampas. ¿Qué sé yo si se trata de una encerrona? ¿Qué sé yo si la señora le da por salir al piso trece con el sujetador en la mano y una teta al aire, gritando que se lo quité yo? No me arriesgo ni de coña.
Del, llamémoslo, artÃculo de ayer, “El machorrismo”.
Con este sencillo truco, te ahorras denuncias por acoso. Ya de paso, tampoco entres solo a un comercio, y menos si hay una dependienta, no sea que salga al grito de “me ha robado y me ha acosado, ambas cosas a la vez”.
Para ser justos, he de decir que, muy en el fondo, coincido con lo que dice el bueno de Andrés: las denuncias falsas por maltrato hay que perseguirlas y castigarlas. Con la misma severidad que otras denuncias falsas por otros delitos.


Pues que use las escaleras, que ahora que el curandero Meléndez (al que antaño loaba dÃa sÃ, dÃa también) ha cerrado su chiringuito polvetero, le veo nuevamente entradillo en carnes.