En plena semana de la polémica por la crítica “destroy” de Autóctono a la gran promesa realidad de la música electrónica de nuestra tierra, me armo de valor para analizar el videoclip de “los silencios”, un grupo que, en mi opinión, ya podía hacer honor a su nombre.
Empiezo por la conclusión: NO SE VAN A COMER UN ROSCO. Con esa edad, ese look y esa música, por no hablar del acento “opening” lo tienen muy chungo.
El videoclip es un batiburrillo de estilos que al final se queda en nada. Las imágenes acuáticas del principio molan, el detalle de los edificios de la capital también (hay más de cinco en nuestra ciudad, podíais haberlo currado un poco). Pero luego hay cosas como la cantante con look de “estetisién” cuarentona (también vale promotora de la sección de perfumería de El Corte Inglés), el freak de la camiseta naranja, los amiguetes desfilando por el sofá, la aspirante a modelo de catálogo de VENCA exhibiendo su colección de peinados horteras (y miraditas sacadas del método “Joey Triviani”), los fondos blancos con tonos verdes y gente haciendo el chorra (que recuerdan sospechosamente a las cortinillas de la tvCanaria), el perrito…
Se intuye que la persona que ha hecho el vídeo tiene conocimientos y talento para hacer un trabajo con un buen resultado final, pero éste no ha sido el caso.
... y ante todo, modestia. Si ven la descripción del grupo en YouTube dice “The most international band from the Canary Islands”. ¡tócate las narices!.
Para terminar, cometar que la web de los susodichos (a día de hoy) no tira, lo que sí está bien claro es el nombre del autor (menos firmar y más trabajar). Igual es uno de los que desfila por el sofá o, quien sabe, si el friki de la camiseta naranja.
Desde que vi el video en Tele5 (bueno, un trocito) quise capturarlo para escribir un post, pero se ve que el presupuesto sólo les dio para emitirlo quince días y no pude pillarlo. Esta noche me dio por mirar en YouTube y allí estaba enterito.
Sinceramente, son ganas de tocar las pelotas. No veo nada criticable en este vídeo que no sea habitual en cualquier otra cosa semejante que nos echan por televisión. A ese respecto el nivel de mediocridad está perfectamente alcanzado.