A veces llueve en Gran Canaria. Es más, a veces llueve mucho. Y cuando llueve mucho, como ayer, vemos como la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria no está en absoluto preparada para recibir más de cuatro gotas. Calles recién remodeladas convertidas en auténticos rios, desagües atascados, alcantarillas convertidas en fuentes de curiosa agua marrón, desprendimientos de muros y barrancos que alguien olvidó un día, pero siguen estando ahí. Es el caso del barranco de La Ballena, que como todo barranco que se precie, cuando llueve mucho se pone a correr, y además, como todo accidente geográfico que transporta agua, esta tiende a desembocar en algún lado. Le añadimos que en estas islas la gente tiene la manía de tirar de todo al barranco, y que el mencionado desemboca enmedio de la Playa de Las Canteras y tenemos un torrente de mierda. Aguas fecales, salmonella y cadáveres de ratas.
¿Y la bandera azul? Bien, gracias.


Juas, yo es que ni salí de casa, pero miedo me da como tuvo que acabar la playita…