ACTO 1
En la Oficina A de la Dirección General de B de la Consejería X trabaja un grupo de tres personas. Las justas para sacar adelante una enorme montaña de expedientes y papeleo vario que afecta a miles de familias. Obdulio, Jacinto y Venancio, trabajando de ocho de la mañana a tres de la tarde, apenas dan abasto. Son todos de la misma quinta, universitarios y no se llevan mal.
ACTO 2
Una mañana de 2004, al llegar a la Consejería X, Jacinto y Venancio se enteran que Obdulio ha cogido una baja por enfermedad. Obdulio siempre se ha quejado de problemas de rodilla, y debe ser que ya no dio para más y aprovechará la baja para operarse por fin la rodilla. Ahora, Jacinto y Venancio tienen que absorber una parte del trabajo de Obdulio, aunque hay expedientes que, inevitablemente, tienen que esperar por el.
ACTO 3
Estamos en 2007. A Obdulio no se le ha visto desde hace tres años. Debe ser grave lo del hombre. Sin embargo, en la Consejería X no han buscado a nadie para sustituirle, y el trabajo lleva años siendo horrible. Jacinto y Venancio tienen que hacer malabares con sus vacaciones porque en la Oficina A siempre tiene que haber alguien disponible. En la Dirección General de B hay dos hermanos capacitados para hacer el trabajo de Obdulio, pero ambos se dedican exclusivamente a leer el periódico entre sorbo y sorbo de café, de ocho de la mañana a tres de la tarde. Se niegan a usar el ordenador porque según dicen “no están obligados a aprender a usar el Word”. En realidad, tampoco hacen nada, son funcionarios y no los pueden echar. La inspección general de servicios pasa de puntillas por la Dirección General, y ningún compañero, incluyendo jefes, se atreve a iniciar un expediente contra ellos por no quedar como chivatos y que no los llamen más para los asaderos.
ACTO 4
Una mañana de verano de 2007, durante el café, alguien abre el periódico La Opinión de La Provincia de Canarias 7 por la página de deportes. En portada, un artículo sobre un torneo de golf. En una gran foto a todo color, ven a Obdulio jugando al golf, allí, con sus rodillitas flexionadas y un swing impecable. A todos se les queda cara de panolis, y al día siguiente Venancio ya no viene a trabajar: ha cogido una baja por depresión.
ACTO 5
Jacinto ahora tiene el triple de trabajo, el mismo tiempo, y no puede coger vacaciones. Está más quemado que la pipa de un indio. De repente, aparece por la Consejería Obdulio. Amenaza con reincorporarse. Jacinto ve en el horizonte su exceso de trabajo aliviado y unas vacaciones.

ACTO 6
Es lunes, Obdulio se incorpora a la Oficina A de la Dirección General de B en la Consejería X. A las 10 de la mañana, empaqueta sus cosas y se va: Ha pedido asuntos propios + días libres + vacaciones atrasadas y día del patrón de los funcionarios. Total: 45 días laborables. Se marcha dando saltitos de alegría, flexionando sus atléticas rodillas y pensando en el apartamento que le espera en el sur, que por supuesto paga con su sueldo íntegro de funcionario. Necesita desestresarse. Eso si, antes de marcharse ha cogido esos expedientes atrasados y los ha dejado en el registro general para que los vuelvan a asignar a otros compañeros. En realidad, a Jacinto, que es el único que sigue por allí, y que se tiraría por la ventana si no fuera porque son fijas y no se pueden abrir.
¿Ficción?. No. Esta historia está basada en hechos reales. Los lugares y nombres se han cambiado para proteger a los caraduras inocentes.
El mundo del funcionario en este país es surrealista. En un colectivo tan grande, hay, evidentemente de todo: funcionarios que cumplen con su trabajo (los que más), los que exceden sus funciones y son proactivos (alguno habrá) y los que son unos absolutos jetas que estarían mendigando en la calle si en vez de funcionarios trabajaran para la empresa privada. Estos últimos son auténticos ingenieros: empatan puentes con asuntos propios y vacaciones, y si se tercia, se van al médico, ponen cara de pena y se ganan una baja por depresión / ansiedad / escriba aquí lo que se le ocurra. Ojalá algún día este tipo de caraduras se encuentren en la calle y tengan que buscar un trabajo en el que la palabra asuntos propios sea sólo un mito.
Como canario siento orgullo de Obdulio.